Mickäel Gelabale es un jugador de baloncesto francés de 37 años. Nacido en Guadalupe, este alero es recordado en España por su estancia en el Real Madrid y en el Valencia Basket. En el club merengue ganaría la ACB y el Concurso de Mates de la liga nacional, mientras que en el equipo levantino alzó la Eurocup. Asimismo, con la selección de Francia cosechó el oro en el Eurobasket de 2013, la plata en el Mundial de 2014 y un puñado de preseas continentales. Y ha llegado a competir para un total de 16 conjuntos.
Dos de ellos pertenecen a la NBA. En 2006 se embarcó en la aventura estadounidense, convertido en una promesa esperanzadora tras su rendimiento en el escuadrón madridista entrenado por Božidar Maljkovic. Fue reclutado por los Seattle Supersonics, mas no alcanzaría a asentarse en la liga norteamericana. Aguantó dos temporadas y hubo de ser derivado a la liga de desarrollo. Así que en 2009 estaba de vuelta en el campeonato francés. Sin embargo, no acabó ahí su paso por el baloncesto profesional de Estados Unidos.
En 2013 se incorporó a la disciplina de los Minnesota Timberwolves. ¿Para pelear por un puesto en esa élite, en su segundo intento? No exactamente. Gelabale estaba compitiendo para el Valencia Basket, pero después de un mes en la ciudad del Turia, en febrero se escapó para batallar por convencer al entrenador Rick Adelman y, de paso, asegurarse la pensión vitalicia que la NBA proporcionaba a los jugadores que han pertenecido al menos tres temporadas a una franquicia de la liga. Con 29 años, le faltaban sólo dos meses de estadía. Y fue a por ello.
En el vestuario liderado por Ricky Rubio y Kevin Love, el francés duró hasta el mes de julio. Encadenando dos contratos de prueba (10 días cada uno) y la renovación que anhelaba. Cumplido el plazo, regresó al BC Khimki, club en el que firmaría otro suculento estipendio y desde el que prosiguió su vuelta alrededor del Viejo Continente. Redondeando el caso paradigmático de los baloncestistas que se aprovechan del sistema de pensiones para deportistas que subraya a la competición americana como una de las más protectoras de sus trabajadores en todo el planeta.
Cuando Mickäel logró cumplimentar el mínimo temporal legal para tener derecho a esa renta vitalicia, que le asentará toda vez que se jubile de la práctica deportiva, estaba vigente el plan de pensiones que proporcionaba casi 600 dólares mensuales por cada curso completado en la NBA. En un fondo estructurado para rescatar a los cientos de jugadores que no firmaron contratos pomposos en su trayectoria en la liga estadounidense o para aquellos que dilapidaron su fortuna -un grupo que representa, según Sports Illustrated, el 60% del cuerpo de atletas que han jugado en ese torneo-.
Este plan protector fue consolidado en 1965 y ha ido creciendo hasta disparar su cobertura en el actual convenio colectivo. La idea central siempre ha girado en torno a cuidar de aquellos que ayudaron a construir el gigante deportivo que es la NBA. Ya sea su aportación pomposa o humilde, todos los que hayan jugado tres años estarán en condiciones de cobrar un sustento a partir de una cierta edad (que ha ido oscilando con el paso de las décadas). El monto por jubilación, el seguro médico vitalicio -en deportistas que suelen pagar un dineral en sistemas sanitarios privados, producto de las lesiones que hayan sufrido durante el ejercicio de su oficio- e, incluso, el reembolso de la matrícula universitaria constituyen la razón nuclear de ser de esta asistencia.
Cabe destacar que ningún deporte resiste comparación con este sistema. En la actualidad, tras el último convenio acordado entre la liga de baloncesto y la Asociación de Jugadores, las cifras se han multiplicado. La firma de los históricos contratos por los derechos televisivos que se han dado en esta década han elevado el monto hasta más de 800 dólares -por mes por año de servicio- si se reclama el inicio del cobro cuando se tienen 50 años de edad. Desde la asociación se insta a sus representados a pedir la pensión cuando tengan 62 años, pues recibirán pagos más altos cuanto menos tiempo de jubilación reclamen. Y para los que jugaban en la liga antes de que se estableciera el plan de pensiones, el número asciende a 400 dólares por mes y año de servicio.
Las cuentas, por tanto, señalan que un jugador que jugó más de 10 años en la NBA y pide la compensación vitalicia a los 62 años se llevará más de 215.000 dólares anuales. El mínimo reclamable por un jugador de esa edad y que haya competido menos cursos llega a los 56,988 dólares anuales. Ahí entrará Gelabale. Una cifra inalcanzable en el resto de las Grandes Ligas estadounidenses y en cualquier otra organización deportiva internacional. De hecho, en la NFL un veterano de 10 años y que se retiró antes de 1993 cobra en torno a 40.000 dólares anuales (antes de impuestos).
Figuras como Chris Paul, LeBron James, Caron Butler, James Jones o Carmelo Anthony han liderado la presión a los distintos comisionados de la NBA para conseguir mejorar las condiciones de este plan de pensiones. Con un punto de inflexión nítido: la muertes de la leyenda Moses Malone y de Darryl Dawkins, en 2015 y con varias semanas de diferencia, por problemas relacionados con el corazón. Esa dramática y repentina situación provocó que Adam Silver y Michele Roberts -la directora ejecutiva de la Asociación de Jugadores- se pusieran manos a la obra de inmediato. Para seguir la labor social que iniciaron, entre otros, Michael Jordan. Del trabajo de esos meses saldría la financiación de programas de educación y desarrollo profesional para los jugadores retirados. Amén de un nuevo plan de seguro médico y el aumento de las pensiones.
"Lo he dicho varias veces: lo más importante es el seguro médico que obtuvimos para algunos de nuestros ex jugadores y cosas así. No hay duda. Esa fue una gran prioridad (...) En algún momento, en un momento u otro, todos los que jugamos hoy en día vamos a ser un ex jugador. Creo que eso demuestra lo conectados que estamos como cuerpo de jugadores de la NBA", aseguró Paul en aquella época. Y Dwight Davis, ex de Golden State Warrios y Cleveland Cavaliers en los 70, y vicepresidente de la Asociación Nacional de Jugadores Retirados de Baloncesto, dejó esta reflexión ante la ESPN: "Algunas de las muertes de jugadores retirados podrían haberse evitado porque los chicos no tenían seguro y no se estaban haciendo los análisis anuales".
Davis confesó que gracias al convenio actual, a sus 71 años y con cinco temporadas de experiencia en la liga, se ahorra casi 5.000 dólares al año en copagos médicos. Y recalcó que algunos de sus colegas de deporte, que tienen 40 años, están pagando 30,000 dólares anuales por las lesiones que arrastran. "Con el abuso que reciben nuestros cuerpos durante nuestra carrera es difícil conseguir un seguro asequible como jugador retirado", reconoció. Pertenezcan a la generación que pertenezcan, los jugadores jubilados tienen derecho a recibir hasta 30.000 dólares anuales en concepto de reembolsos por matrícula universitaria y programas de transición profesional. Y desde octubre de 2020, la liga ha pautado que los jugadores que tengan 45 años ya pueden recibir la pensión por sólo tres años trabajados.