No va a dimitir como ha hecho Pablo Iglesias. No va a convocar elecciones anticipadas como le exige el respeto democrático. Pedro Sánchez se ha refugiado en sus cuarteles de primavera y ha ordenado a sus colaboradores y a los medios afines que aseguren hasta la náusea: las elecciones madrileñas no se pueden extrapolar al resto de España.
Y eso lo afirma ahora el César que perpetró una moción de censura en Madrid, desbaratado por la sagacidad de Miguel Ángel Rodríguez y la decisión de Isabel Díaz Ayuso. Lo afirma el que, desembarcando a medio Gobierno encabezado por él mismo, transformó las elecciones autonómicas en elecciones nacionales. Los electores no han votado entre Isabel Díaz Ayuso y Ángel Gabilondo. Han votado entre Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez. Y han propinado una estruendosa bofetada en el rostro del presidente del Gobierno y en sus alianzas con los independentistas vascos y catalanes y con los proetarras de Bildu. Han votado contra la posibilidad de un Gobierno de Frente Popular en Madrid, al estilo del que se ha impuesto en el palacio de la Moncloa, con participación de comunistas destacados que han menoscabado al PSOE democrático, a aquel PSOE socialdemócrata de los grandes éxitos de Felipe González.
Pedro Sánchez, en fin, resistirá en sus cuarteles de primavera y hará todo lo posible para agotar la legislatura, disfrutando de sus aviones privados, sus suntuosos palacios, sus viajes espléndidos y, también, de toda la parafernalia de la que se ha rodeado en el ejercicio del poder. Que ese sea su propósito no quiere decir que pueda conseguirlo. Los españoles están hartos de los engaños y las trapisondearías. El gran acierto de Isabel Díaz Ayuso ha consistido en no enfrentarse con Ángel Gabilondo, sino con Pedro Sánchez. Y lo ha arrollado.