Aryna Sabalenka tiene 23 años y su progresión tenística ha despegado. El juego de esta bielorrusa de golpeo potente y agresivo comenzó a brotar de forma decidida cuando se reanudó el calendario posterior al confinamiento impuesto en marzo de 2020. En octubre, en el Abierto de Ostrava, se impuso tanto en individuales como en dobles (arrollando a Victoria Azárenka); en noviembre conquistó el Torneo de Linz (apocando a Elise Mertens); en enero de 2021 ganó el Capitala World Tennis -frente a Veronika Kudermétova-; y se proclamó campeona del Abierto de Estados Unidos en dobles (haciendo pareja con Mertens).
En todo este tiempo, sólo le han apeado de hacer pleno de títulos Garbiñe Muguruza, Serena Williams y Ashleigh Barty. Precisamente, la australiana, número uno del ránking de la WTA, la derrotó hace dos semanas en la final del Torneo de Stuttgart. La calidad de la mejor jugadora del planeta consiguió alzar el trofeo con una remontada formidable (3-6, 6-0 y 6-3), relegando a la nacida en Minsk a resignarse. Todavía no había logrado asentarse en la élite.
Sin embargo, este sábado se ganó la oportunidad de resarcirse y dar un golpe sobre la mesa. En el Masters de Madrid, cita en la que partía como quinta favorita, había ido dejando atrás a oponentes de inferior exigencia (Vera Zvonariova, Daria Kasátkina, Jessica Pegula y Anastasía Pavliuchénkova) y a su compañera en dobles, la belga Mertens. Esa progresión la clasificó para la final de la prueba española. Y en esa altura yacía Barty, que por el camino había eliminado a la perla catalana Paula Badosa.
Con una barrera mental que superar, Sabalenka se remangó y salió a la tierra batida de la Caja Mágica con todo. Sin pestañear y con una determinación espectacular. Tal fue su voluntad que asestó un atronador 6-0 -acabaría con 34 golpes ganadores-. Semejante desempeño, tornado en exhibición de latigazos que la australiana empezaría a conjugar en una segunda manga que se apuntó por un 6-3 que empataba el duelo.
En el set definitivo, la bielorrusa no perdonaría. La racha de Barty en esa superficie -nueve victorias seguidas y dieciséis triunfos consecutivos- se fracturó en el 4-4. No consiguió la oceánica apuntarse el break que estaba sembrando y concedió uno con un sorprendente 0-40. Ese punto de inflexión resultaría inapelable. La europea resolvió con solvencia y zanjó el envite en una hora y 41 minutos de esfuerzo. Vengándose de las dos derrotas que le había endosado en las cinco semanas previas. Su mentalidad le proporcionó los cimientos para que sus derechas dañaran a la número 1.
Con el décimo título de su fulgurante currículum en la mochila, Sabalenka compartió sus sensaciones. "Estoy realmente feliz. Me siento abrumada ahora mismo. Barty es la número uno porque siempre intenta encontrar la manera de ganarle y en el segundo set ha empezado a usar más su revés cortado. Ha habido un gran nivel y estoy feliz de haber podido ganar", expuso, antes de explicar que en Stuttgart, hace 13 días, estaba lesionada.
"Ser Top-5 es una locura y me hace mucha ilusión esa mejora. Aunque no suelo centrarme en el ránking, sino en mi juego, salvo que se trate de ser número uno", admitió ante la perspectiva de comenzar la semana próxima en el cuarto puesto de la clasificación mundial. Y se despidió señalando que "no sé qué pasara en Roma o en París, pero puedo prometer que voy a luchar cada punto y dar lo mejor de mí". Tanto en el Masters romano como en Roland Garros, su nombre va a estar muy arriba en los pronósticos.