Hay quien nunca sabe que ponerse ya sea verano, invierno, otoño o primavera y que siguiendo la moda adquiere prenda tras prenda que luego mete en el armario y cuando se las va a poner no acierta con que le pegan. Total, que llega un momento que tiene tanta ropa allí amontonada que ha que hacer algo de sitio si es que quiere seguir con el mismo ritmo, para resolver lo cual se ha inventado precisamente una técnica, la llamada “gestión de armario”, uno de cuyos principales principios es la máxima “una dentro, una fuera”.
La receta es muy sencilla y se expresa en pocas letras, en realidad no es más que por una prenda que traigamos de la tienda hay que sacar otra prenda de la misma clase que por casa hubiera. De ese modo el procedimiento, por poner un ejemplo, sería de la siguiente manera: que nos compramos un jersey, otro jersey fuera, que una camiseta, otra camiseta fuera, que unos calcetines, otro par fuera.
La idea como tal, como vemos, es bien sencilla para lograr el objetivo de mantener el armario siempre lleno hasta arriba, ahora como antes estuviera, de tal manera que la masa no disminuye pero se logra, eso si, que no crezca, que la ropa no salga por la puerta.
La estrategia de esta ciencia parte de dos premisas: una, que el tamaño de guardarropía ya es más que suficiente, lo cual es un juicio prudente, y dos, que lo que traemos cualquier día es mejor que lo que tenemos, que, reconoceremos, es más un acto de confianza en el futuro y en la providencia.
La clave para una buena gestión de armario, en todo caso, no es otra que invertir en lo básico, gastarse las perras en tener un vestuario justo y equilibrado: unos pantalones bien planchados, unos buenos zapatos, una camisa limpia y una chaqueta de cuidado, con eso ya está uno listo para vestir a diario. Decidirse por lo clásico tiene como gran ventaja que no cansa e invito a quien no lo crea a que lo compruebe por su cuenta en cualquier ámbito.
Bueno, pues si así está la cosa esta de la gestión estratégica del armario del vestuario, viene ahora la Comisión Europea y adopta una comunicación sobre la legislación, en la que propone mejoras en el proceso e introduce como novedad el enfoque “una dentro, una fuera” para la reglamentación europea, en virtud del cual por cada nuevo obstáculo normativo que ponga a los ciudadanos y a las empresas, va a quitar otro antiguo de la misma manera.
Ahora bien, tal enfoque de novedoso tiene poco porque ya ha sido testado en un montón de estados de dentro y fuera de Europa y hay muy pocas pruebas de que con ello se alcancen los objetivos esperados. Es más, se corre el riesgo de desviar recursos de otras políticas más importantes e incluso introducir más complicación en la legislación. En el Reino Unido, que fue el primero en introducir el sistema, ya en 2017 lo dejaron para buscar algo más eficiente y que ofreciera mejor evidencia de sus resultados.
Al final la aplicación por la Comisión del principio “una dentro, una fuera” además se va a hacer a la europea, lo que quiere decir que será flexible y si se va a adoptar un “in” y no se puede identificar un “out” en el programa anual, entonces el que iba a salir lo dejará para otro año. Luego, se va a poder compensar entre sectores por muy distintos que sean y después podrá haber excepciones en ciertas condiciones, de modo y manera que cuando vaya a regular pero no pueda dar con nada que quitar, la Comisión decidirá tirar adelante sin más.