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Catar 2022. La terrible cifra de muertos por el Mundial que la FIFA lucha por disimular

FÚTBOL

EL IMPARCIAL | Jueves 13 de mayo de 2021
A algo más de un año de la disputa del evento, arrecian las críticas al coste humano de la organización del torneo.

Catar consiguió ser elegido para organizar el Mundial de fútbol de 2022 bajo el mandato de Joseph Blatter. El entonces dirigente de la FIFA, que acabó condenado por corrupción e inhabilitado durante ocho años, proclamó la elección de ese país en diciembre de 2010 y se remangó para batallar contra las sospechas que dicha votación conllevaría. El suizo y su delfín Gianni Infantino -actual presidente del máximo organismo gestor del balompié internacional- lucharon por dar legitimidad a un proceso opaco.

La candidatura encabezada por Hamad bin Jalifa Al Thani -emir- y Zinedine Zidane obtendría el respaldo de la Federación Española de Fútbol (RFEF), y, por ende, de Real Madrid y Fútbol Club Barcelona -estos clubes habían firmado patrocinios importantes con empresas de la región emiratí-. Y desde que se publicó su selección la polémica no se ha llegado a frenar nunca. Desde la esfera política, social y deportiva no han cesado los cuestionamientos.

En 2013, el diario británico The Guardian publicó un augurio tenebroso. La Confederación Sindical Internacional calculaba que la construcción frenética de las instalaciones para la celebración del Mundial causarí la muerte de, al menos, 4.000 trabajadores migrantes. El estudio partía los fallecimientos en ese sector y señaló que, al menos, medio millón de seres humanos proveniente de países como Nepal, India y Sri Lanka entrarían en territorio catarí para incorporarse a la puesta en marcha de estadios, hoteles e infraestructuras. Su estadística analítica pronosticaba más de 600 muertes al año. Doce a la semana.

Por otro lado, en mayo de 2014 el propio Blatter le dijo a la televisión helvética RTS lo siguiente: "Fue un error elegirles. Uno comete muchos errores en la vida. El informe técnico sobre Catar indicó claramente que hacía demasiado calor en verano, pero el comité ejecutivo (de la FIFA) decidió con una gran mayoría que jugaremos en Catar". "Nunca diré que lo compraron, porque fue un impulso político. Realmente, tanto en Francia como en Alemania", sentenció, haciendo referencia al ligazón de los petrodólares con el Gobierno de Nicolás Sarkozy -en el desembarco en París y el PSG- y con Franz Beckembauer -en 2002 realizó un pago de seis millones de francos suizos a bin Hammam, suspendido de por vida por corrupción-.

La BBC publicó un esclarecedor intercambio de correos electrónicos entre Jérôme Valcke -secretario general de la FIFA, suspendido durante 9 años por corrupción- y Jack Warner -vicepresidente del organismo, suspendido por la adjudicación catarí del Mundial y perseguido por la Interpol-. En esa conversación se subrayó la hipótesis del soborno y la compra fraudulenta de votos. "(Hammam) pensó que se podía comprar a la FIFA como ellos compraron la Copa del Mundo", decía Valcke en uno de sus mensajes. Esta filtración arribó después de que Chuck Blazer -miembro del comité ejecutivo estadounidense de la FIFA- emitiera el expediente que condujo a la inhabilitación tanto de Bin Hammam como de Warner.

Y en 2017, la FIFA de Infantino necesitada de respeto y credibilidad difundió que se estaba replanteando la celebración del torneo futbolístico en Catar por varios motivos: las continuadas sospechas de fraude en la adjudicación, las condiciones laborales y el aislamiento geopolítico en el que yacía el emirato en aquella época. Cabe recordar que Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto rompieron relaciones diplomáticas con ese país, cerrando fronteras, por fuertes sospechas de apoyo a bandas armadas terroristas de la zona. Este brete ponía en compromiso los plazos de entrega de las instalaciones, pues se cortaba el grifo a la mano de obra barata extranjera. Estados Unidos, México y Canadá se postularon como alternativa para el organismo deportivo.

Ya en la actualidad, han vuelto a arreciar las contundentes críticas por la gestión de los derechos humanos de los trabajadores en Catar. Los medios internacionales han recopilado testimonios in situ de empleados migrantes que denuncian jornadas de hasta 16 horas de trabajo, forzados a vaciarse a 50º centígrados, retenciones de salarios que duran varios meses, censura absoluta, imposibilidad -por orden- de accesibilidad a agua potable gratuita y el robo de los pasaportes por parte de las autoridades. Amén de hacinamiento, hambre e insalubridad. Unas condiciones por las que 30 nepalíes huyeron para refugiarse en la embajada de su país y regresar a casa.

A estas alturas, estos son los datos: bastante más de 6.500 trabajadores inmigrantes han muerto desde que el Mundial de 2020 tuvo organizador oficial -sólo se tiene registro de los procedentes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka-. La opacidad de las autoridades gubernamentales del Emirato no ha alcanzado a esconder esta cifra, aunque se calcula que el número de fallecidos es sensiblemente superior, ya que no se han publicado los decesos desde que se detonó la pandemia.

En estos 10 años se han tenido que construir siete nuevos estadios, un nuevo aeropuerto, una nueva ciudad, sistemas de transporte público, carreteras, hoteles... Desde FairSquare Projects, organización de defensa de los derechos laborales en el Golfo, se especifica que los datos de muertos no incluyen la categoría o lugar de trabajo del fallecido. Muchos de los decesos se categorizan como "no relacionadas con el trabajo" por el comité organizador del evento. Con más de dos millones de trabajadores inmigrantes, el Ejecutivo catarí está en cuestión por la elevada tasa de mortalidad de este colectivo.

"Muertes naturales" es otra de las dudosas clasificaciones aplicadas al fenómeno. Dicha asociación ha documentados suicidios, caídas desde gran altura, golpes contundentes, electrocuciones en las improvisadas y masificadas viviendas o insuficiencia cardíacas por agotamiento. Todo ello se ha aglutinado por las miles de reclamaciones que las familias de los fallecidos han registrado en sus respectivos países. Ya que no se realizan autopsias ni se aportan explicaciones médicas válidas para determinar la causa de las muertes.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas manifestó que el calor ejercía un reseñable rol en la montonera de fallecimientos. Durante cuatro meses del año los trabajadores se enfrentan a temperaturas asfixiantes mientras trabajan al aire libre. En 2014 el equipo de abogados del Gobierno catarí hablaron de la necesidad de elaborar un estudio sobre estos fallecimientos y lo obligado de modificar la ley para que se realicen autopsias en todos los casos. El resultado de esas peticiones es nulo.

El Observatorio de lo Derechos Humanos ha dejado claro esto: "Catar sigue dando largas a esta cuestión tan relevante y urgente, en una aparente desprecio por las vidas de los trabajadores (...) Hemos pedido a Qatar que reforme la normativa sobre autopsias para exigir la investigación forense de todas las muertes súbitas o inexplicables, y que apruebe una legislación que exija que todos los certificados de defunción incluyan una referencia a la causa de la muerte que tenga sentido desde el punto de vista médico".

Como respuesta, el Ejecutivo de Doha ha subrayado que la cifra de muertes -que no cuestiona- es proporcional al numeroso tamaño de la mano de obra migrante. Según esa versión oficial, "la tasa de mortalidad entre estas comunidades está dentro del rango esperado para el tamaño y la demografía de la población. Sin embargo, cada vida perdida es una tragedia, y no se escatiman esfuerzos en tratar de prevenir cada muerte en nuestro país". Y se defiende que todos los migrantes tienen acceso a una asistencia sanitaria gratuita de máxima calidad, además de haberse desplomado la tasa de mortalidad de este grupo poblacional debido a "las reformas del sistema laboral en materia de salud y seguridad".

Y la FIFA alega que "con las estrictas medidas de salud y seguridad en las obras, la frecuencia de accidentes en las obras de la Copa Mundial de la FIFA ha sido baja en comparación con otros grandes proyectos de construcción en todo el mundo". Con Amnistía internacional poniendo el grito en el cielo por la "flagrante" falta de trasparencia de las autoridades. Y, también, de los países de los que son originarios los cientos de miles de migrantes que están cimentando la celebración de un torneo que se desarrollará en noviembre y diciembre. Alterando la lógica económica y deportiva del propio fútbol.

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