Opinión

La tiranía de los valores

TRIBUNA

José María Méndez | Domingo 16 de mayo de 2021

Con este título publicó Carl Schmitt en 1961 un artículo en español en el nº 115 de la Revista de Estudios Políticos, Madrid. Más tarde apareció en alemán, con diversos añadidos, en varias revistas jurídicas.

En tiempo más reciente, y con ese mismo título, ha salido un libro, que incluye, además del artículo antes citado, otros trabajos de Schmitt en la misma línea crítica contra la Filosofía de los valores de Scheler y Hartmann, que tan boyante fue en los años 60 del siglo pasado. (Ed. Comares, Granada 2010. Introducción y selección de Monserrat Herrero).

En substancia, la censura de Schmitt contra Scheler y Hartmann es correcta y da en el clavo. En último término, los valores que propugnan estos dos autores son subjetivos. Son valoraciones.

Scheler era un ferviente católico cuando publicó su Etica material de los valores. Pensaba que Dios era el valor supremo y la fuente de toda valiosidad. Creía de buena fe que los valores eran objetivos. Pero a las preguntas ¿qué son exactamente los valores? ¿cómo los defines? sólo podía contestar los valores no son, valen. Su estatura metafísica no daba para más. En efecto, si no son, entonces tampoco valen. No hay término medio entre el ser y el no ser.

En ausencia de una explicación plausible, hay que dar la razón a Schmitt. Los valores de Scheler son en rigor subjetivos. Sólo en la muy sincera y respetable intención de Scheler eran objetivos.

Otro tanto puede decirse de Hartmann, aunque de modo más alambicado. En la primera parte de su Ethik hace suya la intuición material de los valores introducida por Scheler. Pero en la tercera parte coloca a la libertad humana por encima de los valores. Estos serían, como mucho, flotantes ideas platónicas que ninguna mente piensa. En cambio, la libertad humana es real. En el conflicto entre una idea platónica y la libertad efectiva del hombre siempre vencerá ésta ultima. Con enjundiosas palabras sentenció Hartmann, la herencia metafísica de Dios ha pasado al hombre (Ethik, 20 f). Con menos ínfulas, digamos sencillamente que también en Hartmann los valores son en definitiva valoraciones, aunque él intentase disfrazarlos de supuestamente objetivas ideas platónicas.

Así pues, demos la razón a Schmitt en su crítica a la insuficiente axiología de Scheler y Hartmann. Aunque eso no obsta para que en Scheler y Hartmann haya mucho de aprovechable para una teoría realmente objetiva de los valores, como luego se verá.

Otra cosa son las absurdas exageraciones en que incurre Schmitt. Nada menos que acusa a la teoría de los valores de atizar e intensificar la lucha antigua y eterna de convicciones e intereses (Pag. 47). Incluso cita en una nota a Hitler y comenta el uso que este siniestro personaje hacía de la palabra valor (Pag. 34).

Sin duda los humanos, antes de Scheler y Hartmann, eran ya crueles,

rencorosos y vengativos. Trataban de imponer por la fuerza sus ideas subjetivas a los demás. Pero no parece que lo sean más ahora por culpa de la filosofía de los valores. Aunque no fuera más que por la simple razón de que el porcentaje de los lectores de Scheler y Hartmann no ha pasado nunca del 0,1 % de la humanidad. Tampoco el de los lectores de Schmitt. Los hombres siguen siendo ahora tan crueles, rencorosos, vengativos y dados a imponer sus ideas por la fuerza como lo han sido siempre. La culpa hay que echarla a las perversas pasiones humanas, y no a las teorías del valor, como arbitrariamente hace Schmitt. Mucho más si tenemos en cuenta que Schmitt fue en una etapa de su vita un ferviente defensor del nazismo.

¿Hay una segunda oportunidad para la axiología? ¿Puede construirse una filosofia de los valores en la que éstos aparezcan como indudablemente objetivos? En mi opinión, puede lograrse tan ambicioso empeño, si nos apoyamos en la formalización de la lógica. Algo que por supuesto ignoraron tanto Scheler y Hartmann como el propio Schmitt. Y sigue ignorando la mayoría de los intelectuales. La nueva axiología se apoya en estas tres grandes conquistas de la lógica formalizada.

Primera conquista. El cálculo lógico establece tres tipos de fórmulas: valideces, consistencias y contradicciones. Por otro lado están los tres viejos modi del ser: necesario, posible e imposible.

Cabe establecer esta triple correspondencia

necesario............... válido

posible.................. consistente

imposible.............. contradictorio

Que lo contradictorio no existe lo reconoce todo el mundo. Si no fuese así, nadie podría pensar, ni hablar, ni entender a los demás.

Pero las tres correspondencias forman un bloque inseparable. Lo válido existe con la misma fuerza lógica con que lo contradictorio no existe. Como desconocía esta triple correspondencia, Heidegger propuso su tonta pregunta ¿Por qué el ser y no la nada? Lo correcto es ¿por qué la existencia forzosa de lo válido y la inexistencia forzosa de lo contradictorio? Los dos elementos de esta pregunta, más amplia que la de Heidegger, se coimplican.

Segunda conquista. El valor ético se capta en la intuición intelectual del deber ser, sea o no sea. La frase de Scheler los valores no son, sino que valen es absurda, si valer es contrapuesto a ser. Pero hay algo superior al mero existir o ser. Se trata del deber-ser. Lo formal del valor consistiría ante todo en ese deber-ser, que es independiente de lo que hagan los humanos en este mundo. Esto es justo lo que dice la definición de valor que propone la nueva axiología: valor es lo que debe ser, sea o no sea.

Tercera conquista. El cálculo lógico hace ver que los tres conceptos sobre ser -necesario, posible, imposible- se formalizan exactamente igual que los tres conceptos sobre el deber-ser -obligatorio, permitido, prohibido-.

SER

Paso entre imposible y posible con negador delante

no imposible = no no posible = posible

no posible = imposible

Paso entre imposible y necesario con negador detrás

imposible no = necesario

necesario no = imposible

Paso entre posible y necesario con negador delante y detrás

no posible no = necesario

no necesario no = posible

DEBER-SER

Paso entre prohibido y permitido con negador delante

no prohibido hacerlo = permitido hacerlo

no permitido hacerlo = prohibido hacerlo

Paso entre prohibido y obligatorio con negador detrás

prohibido no hacerlo = obligatorio hacerlo

obligatorio no hacerlo = prohibido hacerlo

Paso entre permitido y obligatorio con negador delante y detrás no permitido no hacerlo = obligatorio hacerlo

no obligatorio no hacerlo = permitido hacerlo

Imposible es una palabra compuesta de no y posible. El lenguaje ordinario, y en todos los idiomas, carece del término simple que aquí hace falta. Si éste término fuera equis, el paralelo entre ambos tríos de conceptos sería perfecto. Tendríamos entonces no equis = posible exactamente igual que tenemos no prohibido = permitido. La doble negación de no no posible sería superflua. Es una prueba más del avance que supone la lógica formalizada sobre el deficiente lenguaje ordinario, al que todavía se siguen agarrando en exclusiva la mayoría de los pensadores.

La nueva axiología recoge todo lo aprovechable en Scheler y Hartmann, que es mucho, y lo reelabora con la ayuda de las tres anteriores conquistas de la lógica formalizada.

No cabe imaginar una doctrina de los valores más objetiva que ésta. En último análisis, los valores son presentados como las perfecciones mismas de Dios, que vislumbramos en la intuición intelectual de lo que debe ser, sea o no sea. Obligatorio se formaliza lo mismo que Necesario.