Román Cendoya | Lunes 08 de septiembre de 2008
Una de las pocas licencias que no puede permitirse un Presidente de Gobierno es la de insultar a los ciudadanos. Las instituciones democráticas se merecen respeto, pero mucho más los ciudadanos que son el origen del que emanan las instituciones. Muy mal ve las cosas el Presidente del Gobierno cuando tiene que recurrir al insulto y la descalificación generalizada como estrategia política. Zapatero utiliza premeditadamente el insulto a los ciudadanos como provocación. Espera que la reacción sea la de la legítima defensa a través de la merecida respuesta. Esa legítima reacción será tachada por todos los voceros de la izquierda de inadmisible crispación extremista, golpista y guerra civilista de la derecha que no soporta el resultado electoral y que un presidente socialista resuelva los problemas de España. Zapatero ha abierto la veda para que lo califiquemos con toda la libertad y crueldad que nos parezca oportuno. Zapatero acusa a los demás de lo que es él y de lo que hace.
Zapatero pretende liberar que se practiquen miles de abortos impunemente para tapar la crisis económica y su ilimitada capacidad para destruir empleo. Con Zapatero les puede pasar a muchos hombres y mujeres de izquierda lo que les sucede a muchos nacionalistas vascos. Compartir los fines con los terroristas los convierte en cómplices. Los que defienden a Zapatero se están convirtiendo en cómplices de la desastrosa realidad y de las consecuencias futuras que sufre España. Zapatero finge sentimientos que son radicalmente contrarios a los que verdaderamente experimenta. Talante. Sólo le importa el poder. Ése es su leit motiv. ¿Qué se puede esperar de un personaje al que lo último que se le ocurre decir a la persona que le dio la vida, su madre, en el lecho de muerte es ¿crees que llegaré a ser presidente?”.
En el asunto de los desaparecidos de la Guerra Civil, Zapatero utiliza todos los medios con tal de dividir al país. Yo no criticaré nunca que se haga ese censo, siempre que se haga de todos los desaparecidos y aunque es una acción que puede corresponderle al gobierno, nunca a un juez instructor de la Audiencia Nacional. Garzón, al que pagamos todos, cobra su sueldo para perseguir delitos de terrorismo y de crimen organizado. El pésimo juez, qué mal suena la palabra juez dirigida a Garzón, no está para hacer censos. Zapatero insulta a la función pública al respaldar la Garzonada.
Zapatero prefiere la crispación y la división nacional para que la descalificación constituya la forma de intentar tapar los millones de parados y la ruina a la que está arrastrando a España. Este fin de semana Zapatero se ha autoproclamado patriota, él, que es quien rompe y arruina con su política a toda una nación como España. Zapatero es cínico e hipócrita y provoca crispación.
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