Opinión

La distinción de buena persona

TRIBUNA

Antonio Agar | Sábado 29 de mayo de 2021

Carta abierta a Don Luis María Anson que fluye como una manantial de mi corazón, recorriendo ríos y arroyos, finalizando su recorrido en los deltas y desembocaduras de las gentes de buena condición.

Muchos lectores podrán argüir que importancia tiene ser titular de un vocablo en apariencia trivial de ser Buena persona, a un intelectual y brillante portador de tantos premios nacionales como internacionales de reconocido valor, acreditados en España y en todo el mundo de alrededor.

Este término de BUENA PERSONA, tiene la apariencia de simplón, al que no se categoriza en su auténtica dimensión con notable distinción, pero que sobresale entre todas sus virtudes como individuo de gran valor.

Tenemos que diferenciarlo de aquella acepción de aquellos que hicimos obligada la instrucción militar, al rellenar la casilla DEL VALOR POR LA PATRIA, al que siempre se le reconocía el de se le supone.

Sin embargo, cuando ya llevas tanto tiempo habitado, al decir de mi paisano jerezano Caballero Bonald (Q.E.P. D.), quien hasta su nombre y apellido, ya le identifica como hombre gentil (Bueno y caballeroso), nos damos cuenta de que ese término, esa expresión de Buena Persona, no es tan trivial ni una característica tan común al Ser humano.

Hay momentos en que tiene uno que desnudar su alma, y no tengo rubor en confesarle al Sr. Anson de su benevolencia y de su magnanimidad al tratarme con especial distinción, cuando simplemente soy un currante al que Dios, quizás la virtud de la tenacidad solo le otorgó, permitiéndome en persistir en mis sueños de ser escritor.

Un gran pensador clasificaba a las personas en dos apartados:

  • El de poseer una hábil malicia taimada.
  • El de ser un estúpido soñador.
  • En su reflexión final, prefería a los más perversos, porque sabía que terminaban por descansar, bien por enfermedad, aburrimiento o por haber logrado ya sus cotas de maldad, detestando aquellos que se empeñaban en seguir manteniendo sus retóricas o escrituras sin cesar, que por sus trivialidades y chuminadas, dejaban de ser acicates de curiosidad para el auditorio y los lectores.

    Por estas razones, agradezco y califico a Don Luis María Anson como BUENA PERSONA, que con gran dosis de generosidad y compasiva grandeza humana, publica mis crónicas, asimismo como liberarlo de su manto protector, de cualquier compromiso en atenderme a encontrar editorial o restarle horas a su valioso tiempo, aunque sea por pasar un rato de gastronómica seducción.

    Respetuosamente, le agradezco su deferencia y distinción y como BUENA PERSONA, hay muchos lectores como yo que con profusión lo PREGONA.