Martes 09 de septiembre de 2008
Con dos años de retraso, se ha cerrado la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Dicho retraso dice bien poco de la responsabilidad de los dos principales partidos de ámbito nacional, incapaces hasta ahora de llegar a un acuerdo en la elección de nuevos miembros. En cualquier caso, una vez cerrado el acuerdo, resta evaluar quién ha sacado más partido de las negociaciones, y en este caso, sin duda puede afirmarse que el PSOE ha salido ganador. Es la Constitución quien arbitra el mecanismo de elección del CGPJ, así como su composición, lo que da idea de la importancia de la cuestión. Todos sus miembros han de ser “juristas de reconocido prestigio”, y han de contar con al menos 15 años de ejercicio profesional.
Siempre que se representa a la Justicia, ésta aparece caracterizada con una venda en los ojos, en clara alusión a su independencia. Lo ideal sería, entonces, que cada uno de los miembros de los respectivos Consejos que ha habido tuviese una trayectoria acorde con dicha representación; esto es, independiente. Raras veces ha ocurrido. Dependiendo del asunto que se trate, suele ser predecible la opinión del CGPJ en función de una cierta ideología. Desde el sector progresista se guarda fidelidad a quien les ha propuesto, opinando de una manera determinada; exactamente igual en el lado conservador. Lo cual no deja de ser pernicioso para la Justicia, toda vez la le da una pátina política que en nada la beneficia.
Así las cosas, la composición de este consejo destaca por la inclusión de 4 miembros de Jueces para la Democracia (JpD), de marcado carácter progresista, frente a 5 de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), de tinte conservador. Y destaca porque la segunda es claramente mayoritaria frente a la primera. La composición del nuevo CGPJ, así, no reflejaría en absoluto la realidad asociativa en el mundo judicial. El porqué de esta cuestión habrá que preguntárselo a los negociadores de PP y PSOE. AL igual que la inclusión de Margarita Robles, cuya trayectoria en la lucha terrorista fue, cuando menos, polémica. Baste recordar que la señora Robles se hizo acreedora del premio Sabino Arana, lo cual refleja bien a las claras cuál es su talante. El PSOE puede estar satisfecho. Y mucho. El PP, o al menos sus nuevos dirigentes, no se sabe. De lo que no hay duda es de que, a partir de ahora, el PSOE estará encantado de sentarse a negociar con el PP, visto el resultado obtenido aquí. Se han apuntado el primer tanto, y de modo contundente. Pero, se incline la balanza del lado político que quiera, desde el punto de vista de los ciudadanos –que es único a que este periódico se debe- el resultado será igualmente lamentable. Lo que a estos interesa –y, con ellos, a un equilibrio sano y funcional del sistema político- no es que los partidos se repartan la Justicia, sino que se preserve la separación e independencia de la misma. Y, en este sentido, la mejor noticia que podrían recibir los españoles es que la actuación de los magistrados elegidos resultara impredecible. Dicho en otras palabras: que tuvieran más orgullo profesional, más sentido de su independencia, que de fidelidad a las amistades partidistas que los han elegido.
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