Cuando un Gobierno absolutamente ideologizado y sectario es capaz de incluir en el preámbulo de una ley publicada en el BOE una crítica a la oposición, todo es posible ya. Normalmente para mal. Y ya es triste que Pedro Sánchez, el presidente de todos los españoles, nunca sea buena noticia por más que se empeñe en apropiarse de las cosas que, a priori, son buenas. Extraña habilidad…
Lejos de toda consideración política, queda meridianamente claro que la ciudadanía no se fía de Pedro Sánchez y de todo lo que toca, es decir, principalmente, la gente recela del Gobierno. El Ministerio de Sanidad dice que los menores de 60 años con una primera vacuna de AstraZeneca pueden acceder a una segunda dosis de Pfizer, y la mayoría dice que “no”, qué si empezaron con una, terminan con esa. No es por llevarle la contraria a Sánchez, hablamos de salud, pero la gente prefiere no atender, curados de espanto, a las recomendaciones del Ejecutivo.
La desconfianza es palmaria si el asunto a tratar, además, es una cuestión en la que está en contra la mayoría de la ciudadanía. Así, la cosa empeora a pasos agigantados y el cariz se torna trágico, no ya por los indultos o la crisis con Marruecos, sino cuando afecta al bolsillo del ciudadano porque cierra su negocio o no llega a fin de mes.
La estupefacción es general porque este Gobierno, que ha repetido hasta la saciedad que pone todas sus fuerzas en defender a las clases más necesitadas y al que se le llena la boca presumiendo de trabajar para que “nadie se quede atrás” en la recuperación económica, ha permitido que el consumo de electricidad se convierta en un artículo de lujo, en un bien prohibitivo para las clases más vulnerables.
La implantación de la nueva tarifa de la luz, además, se produce en un momento nada oportuno. Es cierto que nunca lo es, pero menos cuando miles de negocios intentan salir adelante tras más de un año de dura pandemia con cierres y restricciones. Pero es que muchos miles de trabajadores, también, en virtud de la recomendación de guardar las pertinentes medidas sanitarias de distancia interpersonal han optado por el teletrabajo, lo que convertirá el aire acondicionado o el ventilador, ahora que llegan los calores, en algo absolutamente inasequible, por no decir imposible.
La factura, dicen los que saben de consumo, puede encarecerse hasta un 27%, algo que afectará a hogares con poco margen de variación en el gasto. Y eso es otro problema, una gran mayoría de los consumidores todavía no saben cuánto les va a suponer la subida de unas tarifas que, al ser por tramos horarios, abocan a los consumidores a cambiar usos y costumbres. ¿Se imaginan todas las lavadoras de un edificio centrifugando a las 00:30 horas mientras se plancha?
El mensaje es claro: usted podrá ahorrar en torno al 50% del total de su facturación, pero no pegará ojo porque los horarios valle son de madrugada. La sola idea denigra y humilla al consumidor. No sé si era este el espíritu del acuerdo de Gobierno firmado entre el PSOE y Podemos para combatir la pobreza energética y favorecer a las clases menos pudientes.
Siempre se dijo que la derecha estaba para generar riqueza y la izquierda para repartirla. El problema que nos plantea este PSOE y las políticas que lleva a cabo en el Gobierno es que a este paso acabará distribuyendo solo miseria, que es como suelen acabar los regímenes en los que apoyan su base ideológica.
Ahora, quizá por su mala conciencia, el Gobierno presenta una nueva ley que promete abaratar la factura un 15%. Pero una vez más, léanse la noticia hasta el final porque será efectiva dentro de cinco años. Pero si el Ejecutivo que dirige Pedro Sánchez está tan concienciado con la subida histórica de la luz, una vez más, la pregunta es muy fácil: ¿Por qué no baja el IVA del 21 al 4% como un bien esencial? ¿A que no se atreve? Claro que no, hay mucho asesor al que pagar su buen sueldo.