Opinión

El perdón cambia la historia

TRIBUNA

Jesús Romero-Trillo | Jueves 03 de junio de 2021

Se ha estrenado en España la película “Yalda, la noche del perdón”, dirigida por Masud Bajshi, que obtuvo el Premio del Jurado en el festival de Sundance. Para el espectador occidental, la película trata de un modo insospechado el tema del perdón y de la pena de muerte. El filme está basado en un reality-show emitido por la televisión pública iraní en el que una persona condenada por algún crimen se expone ante el público y sus víctimas. En este caso la protagonista está condenada a la pena de muerte por el asesinato de su marido y se encuentra en el programa con la hija de la víctima para pedir clemencia.

La acción tiene lugar durante la noche de Yalda, la del solsticio de invierno, cuando las familias se reúnen en los países que siguen la tradición zoroastriana para celebrar que llega la luz tras la noche más larga del año. En esta ocasión la noche de Yalda coincide con el Ramadán, periodo en el que se emula el perdón de Dios hacia todo el que se ha arrepentido de sus culpas. Durante el programa la hija del hombre asesinado tiene la potestad de perdonar a la condenada y recibir la compensación económica que exige la ley islámica en estos casos. La cantidad dependerá del número de mensajes enviado por los espectadores durante el programa. La película denuncia que se recurra a un reality-show, con todo lo que implica de espectáculo, para conseguir el perdón de una condena a muerte. Las dos protagonistas de la película tienen motivos para elegir el perdón frente a la condena, pero también el director magistralmente lleva al espectador a tener dudas sobre la sinceridad de ambas. Perdonar al culpable en casos tan dramáticos como el del asesinato de un familiar es una de las cuestiones de fondo en los miles de casos de pena de muerte en el mundo, aunque no en todos los países existe la posibilidad de ser indultado gracias a la clemencia de los familiares de la víctima.

Hace unas décadas John Searle desarrolló la teoría de los “actos de habla”, a partir de las ideas de John L. Austin sobre la facultad del lenguaje para cambiar la realidad. Uno de los ejemplos prototípicos de esta teoría es cuando el juez pronuncia la sentencia en un juicio: con la declaración de inocencia o culpabilidad cambia la realidad de los implicados y, por extensión, de sus allegados. Sin embargo, para que pueda realizarse un acto de habla, como en el caso de la promesa y el perdón, es indispensable que exista lo que Searle denomina el principio de sinceridad, pero ¿Cómo se puede estar seguro de la sinceridad de quien pide perdón? ¿Cómo se puede estar seguro de la sinceridad de quien perdona?

La sociedad está basada en el principio de la confianza, tanto en los demás como en las instituciones y, de hecho, solo aceptamos una disculpa si creemos en la sinceridad del otro. Junto a la solicitud de perdón también se pide el llamado propósito de enmienda, es decir, la promesa de que no se repetirá la acción por la que se pide perdón. Nietzsche apuntaba en este sentido que una de las características más sorprendentes de los humanos es la capacidad de prometer, pues nadie es dueño de lo que puede acontecer en el futuro.

Hanna Arendt decía que el perdón es creativo pues demuestra la capacidad del ser humano para abrir una nueva fase en la historia. La venganza, por el contrario, aprisiona el pasado e hipoteca el futuro. Además, el perdón comporta una profunda crisis de identidad pues los límites del amigo y del enemigo deben ser redefinidos. Tras el perdón la relación con el otro ya no es la misma, pero tampoco con uno mismo. Por ello, el perdón cambia la historia, tanto la del perdonado como la del que perdona.

@jromerotrillo