La propaganda, aunque algo oxidada, sigue siendo la herramienta que emplea el Gobierno para desviar la atención de la opinión pública de sus tropelías. En pleno escándalo por el indulto de los presos secesionistas, las fuentes de la Moncloa propagan a los cuatro vientos que Pedro Sánchez prepara una crisis de Gobierno. Se multiplican las quinielas sobre los ministros que tendrán que soltar sus carteras. La lista es interminable. Marlaska por sus prepotente y sectaria gestión, González-Laya por provocar las iras de Marruecos, Garzón y Castells por desaparecidos en combate. Se olvidan de muchos, de casi todos. La realidad, sin embargo, es que el responsable de tantos errores no es otro que el presidente del Gobierno. Pero eso es mejor ni mencionarlo.
Hay que dudar de las intenciones de Pedro Sánchez de poner en marcha ahora una crisis de Gobierno. La hará cuando se lo aconseje Iván Redondo. Antes o después de los indultos. Qué más da. Mientras, los voceros de La Moncloa mienten más que hablan. Y así se intenta camuflar lo más grave: los cambalaches de Pedro Sánchez para excarcelar a los que intentaron dar un golpe de Estado. Según el comunicado oficial, en la conversación telefónica con Pere Aragonés hablaron de diálogo, de diálogo y de diálogo. Cuarenta minutos hablando de lo mismo. El Gobierno se resiste a reconocer que lo único que busca el nuevo presidente de la Generalidad es que el Consejo de Ministros apruebe cuanto antes el indulto de los responsables del 1-O y, a ser posible, que parezca una amnistía. Ya habrá tiempo para poner encima de la mesa de diálogo, con Junqueras en la cabecera, el referéndum de autodeterminación.
Carmen Calvo no figura, ni figurará, en las quinielas de los caídos en la supuesta crisis de Gobierno. Pero debería. Porque sus declaraciones son cada vez más surrealistas. La factura de la luz ha llegado a subir un 40 por ciento algunos días. Un incremento histórico auspiciado por el Ejecutivo que prometió reducir el desorbitado negocio de las compañías eléctricas durante el Gobierno del PP. Pero el Ejecutivo vuelve a mentir. El IVA de la factura que pagamos los españoles es del 21 por ciento. Según el Gobierno, el impuesto no se puede bajar; se aplica por orden de Bruselas. Sin embargo, la mitad de los países miembros lo han reducido a la mitad.
Las franjas horarias para reducir la factura suponen otro embrollo para el consumidor. Se recomienda poner en marcha los electrodomésticos en plena noche. Pero la vicepresidenta del Gobierno tiene un argumento esclarecedor. El problema no es el horario en cuestión. "El temazo" es quién plancha. Porque, según ella, los hombres ni saben hacerlo. El feminismo más tontorrón para tapar el histórico incremento de la factura de la luz. Y la crisis de Gobierno, para no hablar de los indultos. En efecto, la propaganda del Gobierno empieza a oxidarse. Pero hay quién todavía se deja engañar.