La aproximación a la Eurocopa 2020 que está viviendo la selección española está resultando de todo menos tranquila. La resaca de una temporada más que exigente desde el prisma físico y mental, con un hacinamiento de partidos, una cosecha frondosa de lesiones y la persecución perenne que efectuó el coronavirus a los futbolistas, ha dibujado un duro obstáculo para los jugadores que están concentrados en las instalaciones de la Ciudad del Fútbol, en la localidad madrileña de Las Rozas. Sede de la Federación Española de Fútbol (RFEF).
El pasado domingo, por la noche, se hizo oficial el positivo de Sergio Busquets. El emblema del Barcelona, capitán y faro del conjunto nacional, estaba infectado. Al parecer, se contagió durante su periodo vacacional y estuvo incubando la enfermedad hasta cinco días desde que se incorporó a la disciplina del equipo español, el lunes 31 de mayo. Los servicios médicos de la RFEF confirmaron que había habido una incidencia en la prueba diaria que se les viene realizando, dentro del protocolo establecido.
A partir de ahí estalló un huracán frenético. El organismo federativo canceló todos sus actos, el mediocentro fue aislado, sus compañeros y entrenadores quedaron apartados y en cuarentena y el universo futbolístico contuvo la respiración. Luis Enrique había decidido no agotar las 26 plazas que la UEFA ofrecía a los seleccionadores para sus convocatorias, llamando sólo a 24 jugadores. Y con este brete hubo de remangarse y preparar una llamada de urgencia a Brais Méndez, Rodrigo Moreno, Pablo Fornals, Carlos Soler y Raúl Albiol. Con el fin de crear un colchón por si el contagio de Busquets pudiera afectar a más futbolistas.
Se tomó la decisión de poner a jugar a la selección Sub-21 el último partido amistoso de preparación antes del inicio de la Eurocopa, con Luis de la Fuente como entrenador; se repitieron las PCR a todas las personas que trabajan en el equipo -51 miembros-, en el comienzo de los exámenes casi diarios que afrontarán hasta que dure su participación en el torneo continental; se cerró la burbuja, estrechando las medidas de seguridad y el establecimiento de entrenamientos en grupos; y se cruzó los dedos para que no se registrara un brote que colocara a España en posición de ser expulsada del campeonato.
El lunes se supo que la primera ronda de pruebas dio negativo en todos los casos -y también lo hizo la selección portuguesa, que jugó un amistoso con los españoles hace días-. Pero este martes, pasada la medianoche, se conoció un segundo positivo: el de Diego Llorente. El defensor del Leeds, como Busquets, fue apartado de la concentración de inmediato. El problema es que se ha deslizado que habría un tercer contagio, no esclarecido por la Federación, hecho que supondría la categorización de brote. Según el protocolo del Consejo Superior de Deportes, si hay tres o más miembros contagiados en una concentración, hay brote. Esa es la incierta tesitura en la que yace el seleccionado nacional. Con 22 jugadores en nómina, a la espera de la llegada de más efectivos de la Sub-21 y pánico ante el fantasma de la exclusión del torneo.
La UEFA es clara en este sentido: su normativa exige un test negativo o una prueba de estar vacunado para acceder al estadio de La Cartuja, recinto en el que está previsto en debut ante Suecia, el próximo 14 de junio. Tras el positivo de Busquets se activaron los 10 días de cuarentena, plazo que excede el tiempo antes del estreno contra los suecos -que al principio reclamaban rigor en el aislamiento español y han tenido que frenar el ardor al sufrir dos positivos en su propia delegación-. Y el contagio de Llorente complica todo mucho más. Los juveniles llamados a última hora se encuentran en una burbuja paralela, sin contacto con Las Rozas y sin saber qué será de ellos.
En el entretanto, ha trascendido el tremendo cabreo de futbolistas, técnicos y directivos con el Gobierno de Pedro Sánchez. Se ha sabido que la RFEF solicitó en dos oportunidades al Ministerio de Sanidad que se vacunara a la expedición, como se ha hecho con los deportistas que viajar a Tokio para competir en los Juegos Olímpicos. Recibieron una negativa y los 24 futbolistas se presentaron en la Ciudad del Fútbol tras un corto periodo vacacional. Y se ha comprobado cómo se detonaba uno de los peores escenarios posibles.
Rubiales pidió en los últimos dos meses a la ministra Carolina Darías la vacunación con Janssen y se le dijo que no. Y el pasado viernes, en la presentación de la Candidatura Ibérica para que España y Portugal organicen conjuntamente el Mundial 2030, el dirigente futbolístico habló directamente con el ministro de Educación y Deportes, José Manuel Rodríguez Uribes, para que mediara con Darias. El ministro envió una carta a su colega, pero no se ha conocido la respuesta. Ahora, con dos positivos y la posibilidad de que se expandan los contagios, se ha desbordado el enfado.
"Hemos intentado en todo momento hacer lo mejor para nuestros jugadores con el debido respeto y lealtad, como deben hacerse las cosas entre instituciones y más cuando se trata del Gobierno (...) Los siguientes pasos son seguir cumpliendo los protocolos médicos, tanto de UEFA como del Ministerio. Y a partir de ahí evolucionar con la paciencia adecuada, saber que pueden ocurrir cosas diferentes, mejores o peores noticias, y que ante eso hay que aceptar lo que venga de la mejor manera posible y tomar las decisiones adecuadas", expuso Rubiales en la mañana de este martes.
En esa intervención, antes de la comparecencia de José Manuel Franco, presidente del CSD, añadió que "es fundamental que haya esta segunda burbuja porque en caso de que no podamos contar con todos los jugadores que ya están concentrados va a haber que echar mano de otros". En cambio, por la noche, tras la victoria de España en el amistoso ante Lituania (4-0), estalló ante los micrófonos de RTVE. Denunciando que el Ente público hubiera decidido, de forma pionera, trasladar un partido de la selección nacional de fútbol de La1 a Teledeporte.
"Lo voy a decir desde el respeto y la educación. Y esto va para los de arriba. Por primera vez en la historia han tomado la decisión de teniendo un partido programado en el primer canal lo pasen a otro. Hoy necesitábamos más apoyo que nunca. Si se quiere respetar a los jugadores, a la selección y la RFEF, este no es el camino. Ojalá traten con más respeto y más cariño a la selección de todos los españoles. Sobre todo en un momento de debilidad, porque pueden venir más positivos, es probable que ocurra", manifestó.
Rubiales subrayó que "estos jugadores merecen el respeto". "También el escudo que llevan en la camiseta. No hay ninguna profesión en España que obligue a sus empresas a ceder a sus trabajadores. Eso ocurre con la selección. Cuando vienen representan a todo un país. Vienen obligados, pero contentos y orgullosos de defender a su país. Está regulado en la ley que un jugador no puede decir que no", alegó, antes de recalcar que "lamento profundamente lo que ha pasado". "Ha sido una decisión equivocada y muy dura para nosotros, tras muchos años de conexión y colaboración con Televisión Española. Repito que los que estáis aquí (los redactores) sois un diez, pero hoy se ha perdido la oportunidad de tomar una decisión de respaldo, de apoyo, en un momento de debilidad", sentenció.
Ahora, Moncloa tiene la pelota en su tejado. Con la presión por las nubes. La Comisión de Salud Pública se ha inhibido de la decisión sobre la vacunación inmediata de los futbolistas del seleccionado y le ha trasladado la responsabilidad al Ejecutivo. En pleno debate airado sobre si los deportistas de élite deberían ser privilegiados con la inmunización, por delante del orden establecido para toda la ciudadanía. Este ha sido, sin duda, el golpe que ha terminado por desesperar a la RFEF. Contaban los técnicos, directivos y jugadores con recibir la vacunación este miércoles, a menos de una semana de debutar en la Euro. Siendo que tardaría dos o tres semanas en ser efectiva la dosis única. Mientras que selecciones como Bélgica, Italia o Francia fueron inmunizadas con antelación.