La inigualable ingeniería genética de los seres humanos, incrementada con los dones potenciales adicionales recibidos junto a la maravilla de la vida, nos convierte en seres únicos, irrepetibles, con nivel superior frente a las demás especies de la creación…
Sin embargo, nuestra especie encierra en sí misma, significativas contradicciones, que se manifiestan cuando cada individuo define las características de su ser y el rumbo de su obrar, con el libre albedrío que a todos se nos ha concedido…
No todos lo aprovechamos como es debido, y por ello, en medio de la vastedad de las circunstancias que influyen en el cotidiano vivir, generamos luces y sombras según las intenciones y propósitos por los que hayamos optado para nuestro caminar, afectando el convivir con nuestros semejantes…
De cada uno de nosotros dependen las alianzas que hagamos con el Amor y la actitud solidaria, o por el contrario, con un vivir indisolublemente atado al hielo del desamor y la mezquindad, diseminando mentiras, agravios y despropósitos en los diferentes escenarios en los que manifestamos nuestro obrar…
O respondemos con fidelidad a los “llamados” que nos convoquen en pos de resplandores del Amor, con el poderoso imán que se acciona entre corazón y mente en simbiosis total, o nos sometemos a la insensatez de los odios y rencores que lo marchitan todo…
Todos necesitamos plantearnos una honesta reflexión al mirarnos hacia adentro y optar en consecuencia…
La responsabilidad nos ha conducido a no renunciar jamás a una lucha inclaudicable que nos lleve a abrir trincheras para no perder el encanto de las esperanzas, ni dejarnos envolver por las sombras de las mediocridad proveniente de seres hipócritas, arrogantes, soberbios, burlones y rufianes, que nos trasladan sus propias mentiras, a quienes les queda muy grande la representación parlamentaria que ostentan porque niegan la dignidad que les han concedido sus seguidores, a quienes han traicionado privilegiando sus actos en pos de intereses personales, sirviendo a ideologías foráneas globalistas ante las que se han doblegado…
¿Adónde han dejado la grandeza, el encanto de la fineza expresiva, el respeto, el adecuado nivel parlamentario, al defender sus ideas y proyectos?
¿Qué se ha hecho, dónde han archivado los valores, en este presente del mundo?
¿Por qué han ganado espacios la frivolidad, la superficialidad, el engaño, las hipocresías, y las mentiras?
Se ha deteriorado al extremo, el natural y necesario nivel para discrepar…
Y ante tal panorama, no puedo ni debo frenar mis rebeldías, silenciándome…
Se sacude mi universo interior con tantos agravios, y tantas insolencias, al constatar realidades, que dejan por el camino valores esenciales.
No son las ideas discrepantes las que me preocupan, porque es lícito que cada quien tenga las suyas, lo que no es lícito, es expresarlas de “cualquier modo”, sin grandeza expresiva, la que languidece frente a exabruptos día tras día, a partir de pactos ofensivos, al sobreponerse los insultos, la grosería, las amenazas, las descalificaciones, los chantajes…, a cambio de confundir y disfrazar arteras intenciones…
Se han opacado los brillos, vienen ganando las tinieblas…
Una deriva ostensible se acrecienta en los comportamientos, desde una endeble barcarola sin remos ni timón, y por ello, sin norte, camino a ser devorada y sucumbir ante un naufragio inevitable, dejando heridas y quebrantos en el alma del pueblo, que es donde más duelen y menos se ven, con un sangrado que impide cicatrizar, si todo sigue así, en lamentable deterioro…
Lloran las desesperanzas, ya no danza la brisa de la normalidad, no se oyen los compases de la armonía conductiva, se nubla y se anticipa la noche en los jardines del alma…
No podemos ni debemos rendirnos. Es más, la resistencia tiene que fortalecerse, porque si llegare a desfallecer, nos convertiría en cobardes cómplices de semejante deriva…
Y esa insensatez no tiene espacios posibles en quienes nos aferramos a un renacer cotidiano pleno de resplandores y desafíos nuevos en cada amanecer…
En nuestros más íntimos relicarios, debemos regar día tras día, las raíces de nuestras certezas, y si es necesario, hasta con las lágrimas de nuestros llantos, para humedecer las riberas que las desesperanzas resecan…
Ello es posible, si mantenemos encendida la fragua del Amor, y la lucha en el ring, donde en el buen sentido, debemos pelear por la vida…, para que ese fuego inspirador, permanezca inextinguible…, y podamos seguir forjándonos golpe a golpe, como se moldea el hierro hirviente…
Hagámoslo sin desfallecer, para que no se hielen ni se congelen los tesoros escondidos en el fondo de nuestras almas, para conservar al niño que todos hemos sido de alguna manera por siempre, como lo seremos hasta que nos alcance con el último suspiro, “el atardecer de nuestras vidas…”
Porque después, en ese fatal después inevitable, para quienes somos amantes de la vida, ya no necesitaremos, felizmente, ni siquiera de las esperanzas…
Yo no tengo miedo, nunca lo tuve, ni siquiera cuando debí responsablemente tenerlo en circunstancias extremas a las que me he enfrentado.
Por eso he resuelto para mí que “no hay fines ni epílogos “en mi existir ni en mi obra escrita, porque se me ha permitido vivir atado a la vida, luchando sin desmayo contra todo aquello que opte por quitarle a mi vida una plenitud repleta de resplandores y luminosidad, anticipo de la partida inevitable que a todos nos alcanzará y conducirá a un siempre presente, cautivador y eterno…