El Brexit dio la gloria a Boris Johnson y en el Brexit sigue enredado, con su país ya fuera de la Unión Europea, como pudo comprobar el primer ministro británico en la cumbre del G7 que organizó este fin de semana para la puesta de largo de su proyecto del "Reino Unido global".
Si alguien pensó que el 31 de diciembre de 2020 acababa la pesadilla del Brexit, estaba equivocado. La salida británica de la UE fue solo el comienzo de un camino que los expertos ya auguraban tortuoso, y del que Johnson no consiguió escapar a lo largo de tres días en los que los líderes de las democracias más desarrolladas del mundo se han reunido en Cornualles (suroeste).
Debía de haber sido el "G7 de las vacunas", y en cierto forma lo fue. Desde el comienzo de la cita se sabía que los países más ricos donarán mil millones de dosis adicionales, para un total de 2.000 millones hasta 2022.
Johnson confirmó este domingo en la clausura del foro esa cifra, que en realidad es de 870 millones (aunque se le han añadido otros compromisos realizados a lo largo de este año).
Ese fue el resultado más tangible de una cumbre, la primera desde el estallido de la pandemia, en la que el presidente estadounidense Joe Biden consiguió en su estreno internacional que los aliados se alineasen detrás de su país frente a China.
Se recuperaron buena parte de los consensos perdidos durante el mandato de Donald Trump (2016-2020) y la reunión discurrió dentro de lo que podría haber sido una relativa placidez si la piedra del Brexit, y concretamente Irlanda del Norte, no se hubiese cruzado de nuevo en el camino entre los países comunitarios y el Reino Unido.
La rueda de prensa de clausura, que suele ser a mayor gloria del anfitrión, fue un fiel reflejo del difícil trago que los desacuerdos con la UE han supuesto para Johnson.
Los periodistas británicos asaetearon al primer ministro con preguntas sobre Irlanda del Norte. Éste trató de esquivarlas, aunque insistió en que "hará todo lo posible" por preservar la integridad territorial de su país.
El "premier" confiaba en orillar los problemas que han surgido en la aplicación del protocolo norirlandés -que ya fue el gran escollo en las negociaciones del Brexit-. Pero los líderes comunitarios no estaban dispuestos a dejar pasar la ocasión de presionarle y, además, de ganarse el valioso respaldo de Biden.
Ni siquiera en el último día la sombra del Brexit dejó el G7. Un supuesto comentario del presidente francés, Emmanuel Macron, desató una nueva batalla.
Según filtraron fuentes del Gobierno británico a la prensa, Johnson preguntó a Macron cómo se sentiría si no pudiese transportar salchichas desde la ciudad francesa de Toulouse hasta París sin pasar por controles, y éste replicó que el ejemplo no erá válido pues ambas forman parte del mismo país.
Pese a que luego el Palacio del Elíseo matizó que se refería a que forman parte del mismo "territorio geográfico", a diferencia de Irlanda del Norte que está en una isla, los responsables británicos aprovecharon para calificar de "ofensivas" las palabras del francés.
Macron, en su propia rueda de prensa poscumbre, pidió calma a todas las partes, pero los ingredientes están servidos para que la llamada "guerra de las salchichas" continúe marcando la actualidad las próximas semanas.