Opinión

Indultos en Iberoamérica

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Domingo 13 de junio de 2021

Volvemos a los años del colonialismo. Hoy el futuro de muchos países implica una elección entre la libertad o regresar al colonialismo, un nuevo tipo de colonialismo que viene impuesto por el comunismo rampante, el nacionalismo mezquino, el populismo demagogo, en suma, el totalitarismo de siempre. En la Plaza Mayor de España, que lleva por nombre Colón, y con sus Jardines del Descubrimiento, se ha denunciado una de las mayores afrentas totalitarias contra nuestra democracia: La estabilidad y la concordia a cualquier precio. Todo vale. Como sea. Este es el anhelo del sanchismo, que atemorizado e hipotecado por las dificultades y los sacrificios que exige la obtención de una convivencia justa y acorde con la Constitución, busca la armonización de las ideas más contrapuestas, sin reparar en concesiones doctrinales e históricas básicas y lo que resulta más grave, sin reparar en la vulneración de los principios y valores de la democracia y del imperio de la ley. Se renuncia a la verdad en todo su esplendor en aras de un “pactismo” que diluye aquella en formas vagas e imprecisas, sacrificando su nitidez en aras de amalgamar la mentira con el error.

Si repasamos nuestra historia, los grandes juristas españoles del Siglo de Oro, Vitoria y Suárez, fueron acérrimos adversarios del pacifismo a ultranza. Y lo que se pretende poniendo en libertad a unos presos golpistas es comprar la paz de una legislatura hipotecando la convivencia de los años venideros. Cuando se conoce sobradamente que un camino carece de salida, prestarse a andarlo y desandarlo sin descanso, es solo hacerle el juego al adversario. La resistencia a tiempo puede ser la mejor manera de asegurar la libertad de los ciudadanos y la dignidad de las instituciones. La democracia y la libertad no pueden perderse ni por la fuerza ni por el apaciguamiento.

Ante el inquietante panorama iberoamericano, los indultos resultarían urgentes y necesarios en regímenes dictatoriales como Nicaragua, Cuba, Venezuela o Bolivia, en donde bajo regímenes autoritarios no se garantizan los derechos fundamentales, no existe un sector económico o cultural libre de toda influencia política y, además, se priva de libertad a los opositores por motivos políticos. Tales medidas de gracia carecen de razón de ser en una democracia como la española, cuya convivencia pública discurre por la senda de la ley y en donde toda idea puede ser libremente expresada y debatida. Conceder indultos en España en favor de delincuentes, a quienes se pretende maquillar con motivaciones políticas, resulta una paradoja y un insulto ante la realidad de esos pueblos iberoamericanos que, sometidos al yugo dictatorial y con padecimientos de hambre, miseria y pobreza, ven como muchos ciudadanos de opinión contraria al poder son perseguidos y encarcelados. Por cierto, que ayudar desde España a estos países es una obligación para nosotros.

Tanto a un lado como a otro del Atlántico, no debemos perder de vista la vulnerabilidad de la democracia para que se le haga toda suerte de fraudes. En ello están los enemigos de la libertad.