Cuidado con el pasado, europeo o de otro lado. Ahora el Reino Unido y Estados Unidos se han reunido para elaborar una carta mirando al pasado, para reeditar la Carta del Atlántico, la que firmaron hace 80 años en algún lugar en el Océano Atlántico, que nos demuestra la presencia en el presente de lo pasado, que no pasan los años, que volvemos adónde estábamos.
Es un diagnostico adecuado, a todo esto, si nos preguntamos ¿Europa, cómo queda con este recado que nos han dejado estadounidenses y británicos que han revitalizado de tal modo el pasado? Como un teatro.
Lo que pasa con el pasado es que quizás no lo hemos comprendido del todo y en ese caso es muy difícil saber si está o no repetido, duro o blando; pero para llevar a cabo semejante cometido lo primero es el método introducido. Charles Michel el presidente del Consejo Europeo, ese órgano duplicado, ha dicho ante el Parlamento Europeo con respecto a las relaciones con Rusia, y no le falta razón, que con distinto método se llega a distinto resultado.
Hace ya muchos años, en 1637, en el “Discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias” Descartes ponía en duda los conocimientos adquiridos y proponía como método uno consistente en dudar de lo aprendido. Y nosotros decimos ahora que no solo dudamos de lo que aprendimos sino hasta de lo que vemos y oímos, que se nos hace raro por duplicado, como algo actuado en el teatro, para ver si así, dudando, podemos definitivamente llegar a algo.
Uno se cuestiona las relaciones exteriores de la Unión Europea, incluso dentro de sus fronteras, talmente el continente, con Rusia, ese sitio tan grande que hay ahi al lado. Y como según Michel, se trata de un asunto complejo, la elección deberá empezar con una construcción común entre las partes, para lograr lo cual se necesita, dice él, una inteligencia colectiva.
Difícil verse cara a cara con el pasado y no quedarse demudado, más si lo hacemos con un concepto actualizado desfasado con el que decimos algo tan básico que parece de un cajón sacado, que la sociedad, en este caso internacional, es una instancia superior al individuo aislado.
La maximización del saber culinario consiste en estirar a fondo la masa del fondo, aunque eso sea extraño decírselo a la Unión, a ella que se las sabe todas en cuanto a fondos estructurados. Esa operación de constatación depende de la capacidad de aceptación de cualquier contribución de quienquiera que venga, sea alto o bajo, feo o guapo; lo cual, según Michel, cuesta tiempo, pero a la larga lo ahorra, y una vez que hemos llegado al punto de cocción del acuerdo es más fácil decidir un punto de encuentro.
Y ¿sobre qué vamos a construir la comprensión del pasado? Desde la geografía desde luego, lo más común donde tomar medidas: del Atlántico a los Urales o de Brest a Brest, cada uno a su cuidado.
Michel ha añadido que con respecto a Rusia hemos más bien re-accionado que pro-actuado y puede que no esté equivocado. Gorbachev dijo en 1989, el año del largo y tórrido verano, que estaba en contra de la división del continente en bloques militares enfrentados, que la idea de “una casa europea para todos” significa, sobre todo, reconocer un cierto todo integral.
Al final, por si alguien no se ha aclarado cómo está esto del pasado, lo mejor sin discusión es recurrir a estos versos de Emily Dickinson:
The past is such a curious creature
To look her in the face
A transport may receipt us
Or a disgrace
Unarmed if any meet her
I charge him fly
Her faded ammunition
Might yet reply.