Antonio Ordóñez Araújo tomó la alternativa en Madrid el 28 de junio de 1951 -ahora hace 70 años- en un cartel a beneficio del Montepío de la Policía que completaba Julio Aparicio como padrino y Miguel Báez, el Litri, como testigo.
Nacido en Ronda (Málaga) el 16 de febrero de 1932, Antonio fue el tercer hijo torero de Cayetano Ordóñez Aguilera, aquel Niño de la Palma mitificado por las crónicas de Alfredo Corrochano y, especialmente, por el premio nobel Ernest Hemingway en su novela "Muerte en la tarde". Fue hermano de Cayetano, Juan, Pepe y Alfonso, también toreros, aunque solo él llegaría a la categoría de figura indiscutible
El futuro diestro rondeño había debutado en público sólo tres años antes de su doctorado, el 29 de junio de 1948, en la localidad riojana de Haro. No tardaría en formar una efímera pareja novilleril con Manolo Vázquez, que había concitado la atención de la afición madrileña en 1950.
Sin embargo, el eco del faenón de Ordóñez al año siguiente, de nuevo emparejado con Vázquez en las novilladas de San Isidro, le colocaría a las puertas de la alternativa, organizada en la víspera del día de San Pedro y San Pablo para la nombrada corrida del Montepío de la Policía.
Las cosas no terminaron de rodar por completo aquella tarde. El joven diestro se reservó para el sexto toro, al que cuajó una notable faena a la que faltó el refrendo de la espada. Aparicio, su padrino, cortó una oreja pero la tarde iba a tener el nombre indiscutible del Litri, que electrizó al público madrileño con su toreo tremendista.
Pero Ordóñez no tardaría en sobresalir en medio de la torería de su tiempo. Su aparición en los ruedos se produjo en los años siguientes al impacto de la muerte de Manolete, aunque pronto logró convertirse en un auténtico referente, torero de toreros, y modelo del arte de torear. Precede a matadores como Camino, Puerta y El Viti y convive con la irrupción de Manuel Benítez, el Cordobés, con el que jamás alternó vestido de luces.
Hemingway reverdecería su antigua amistad con el Niño de la Palma en su hijo Antonio, convirtiéndola en uno de los estandartes de su última época en España. La rivalidad del rondeño con su cuñado Luis Miguel Dominguín -Antonio Ordóñez estaba casado con su hermana Carmen- fue retratada literariamente por encargo de la revista Life.
Aquellas crónicas periodísticas, que mitificaron el sangriento enfrentamiento personal y taurino de los cuñados urdido por la casa Dominguín en el verano de 1959, acabarían dando forma al libro "El verano sangriento", convertido en testamento literario del escritor norteamericano que se suicidaría en su casa de Idaho en el verano de 1961.