Opinión

Una estimulante realidad

TRIBUNA

José Manuel Cuenca Toribio | Miércoles 30 de junio de 2021

Cuando buena parte de las elites de América Latina y la casi totalidad de las estadounidenses se consagran con particular ahínco a la crítica del inmenso legado cultural que heredaron de su pasado colonial, resulta singularmente gozoso escuchar las expresiones de afecto y bienandanza manifestadas a caño abierto hacia ese mismo patrimonio por una muy amplia proporción de los contingentes de la antigua América hispana que, asentados hoy en la península y sus dos archipiélagos, contribuyen en sobresaliente proporción al desarrollo de la que un día fuese su “madre Patria”...

Avatares determinados por la incontenible expansión del coronavirus en la reglada y monótona andadura del anciano cronista han modificado, como en tantas otras vidas, los horarios mantenidos a lo largo de toda su peripecia biográfica. Así, de amante impenitente y fruitivo de los amaneceres más madrugadores ha pasado a ser un empecinado nocherniego. Entre las ventajas y alegrías que tal mudanza le ha proporcionado –(también hay, hèlas, desventajas y pérdidas de no menor cuantía…)-, se cuenta en lugar destacado oír con deleite las intervenciones radiofónicas de mujeres y hombres que, en la alta madrugada, descubren, en conjunto, una actitud favorable a su nuevo entorno vital. Sin abdicar, por supuesto, de posiciones críticas frente al comportamiento de ciertos estratos e individuos de su vieja metrópoli, sobresale un juicio halagüeño hacia la sociedad de la que vuelven a formar parte a muchos e importantes efectos.

Tan elevado gálibo alcanzan, a las veces, sus pronunciamientos que en los naturales de este asendereado y siempre generoso país los hallamos en exceso elogiosos. Aun en el estado un punto deprimente que visibiliza hodierno nuestro sistema sanitario público y privado, sus casi unánimes loas llegan a sorprender. Igual sucede con el sistema viario, inspirador de una gratitud desbordada, llevándose la palma el “Metro” de las conurbaciones a la manera del de Madrid, Barcelona o Bilbao; sin que la alta ponderación de los “buses” urbanos vaya muy rezagada en dicha calificación.

Otras muchas dimensiones de la cotidianidad nacional merecen igualmente una puntuación descollante del lado de la población emigrante de origen hispanoamericano, factor esencial en la actualidad en toda suerte de análisis acerca de la coyuntura española del tercer decenio del siglo XXI. Desde la demográfica hasta la educativa no hay faceta relevante de nuestra colectividad cuyo futuro no encuentre una pieza clave en la contribución y el protagonismo destacado de los miles de ecuatorianos, venezolanos, colombianos, hondureños, argentinos, peruanos… que, en un horizonte si no de perpetuidad, sí, desde luego, de largo, muy largo plazo residentes a la fecha en una comunidad que hace todavía de 1492 un año luminoso y genesíaco de la aventura humana.