SU PROPIA REALIDAD. Elisa Coterón Rodríguez

tercer premio

Jueves 11 de septiembre de 2008
Clara es una chica de 10 años. Morena, de tez blanca, con unos ojos fríos y distantes. De un color azul gélido como el hielo. Clara lleva una vida muy triste. Su padre es un hombre cruel, ausente. Desde que empezó a beber, maltrata a Lilita, su madre. Pero Clara no se quiere dar cuenta, no quiere percatarse de su realidad. Ella vive en su propio planeta, alejada de su mundo, donde escapa de todo, donde se siente segura y feliz y la vida es de color de rosa. Pero hay veces que le cuesta, los chillidos de su padre borracho son demasiado fuertes. Los gritos de pánico de su madre calan en lo más hondo de su corazón. Entonces Clara se encierra en su habitación. Con los oídos tapados y tatareando su canción, se pone a dar volteretas recordando su feliz y perdida infancia. Cuando el barullo cesa, Clara sale corriendo de su casa dando sigilosos saltitos. Con una leve y triste sonrisa se acerca al parque. Allí se sienta en un columpio. Con los ojos empañados y la mirada perdida se balancea lentamente.

Cuando comienza a oscurecer decide volver a su casa. Todas las noches sueña con el llanto de su madre y su cancioncita… sola en un lugar donde todo es felicidad el sol brilla y no existe la oscuridad, la tierra está limpia y ni rastro de basura hay… vivo sola en mi planeta… sola en mi planeta…

A la mañana siguiente, Clara desayuna un poco de leche fría, después entra en la habitación de sus padres. No hay rastro del borracho. Clara le da un suave y delicado besito al cardenal de la mejilla de su mamá. Luego se marcha al colegio. Allí ella sigue aislándose en su planeta, donde todo es una verde e inmensa pradera. Donde puede correr, jugar, reír, sentir el viento…sentirse… libre. Clara se sienta en una esquina. No puede dejar de pensar de que le mundo es una trampa para ella, de la que le es imposible salir. Clara, con la cabeza entre las piernas, tatarea su canción… sola en un lugar, donde todo es felicidad…

Por la tarde llega a su casa y de nuevo… el olor… a vodka y a sudor. Un escalofrío recorre todo su cuerpo. De nuevo Clara se encierra en su habitación y canta su canción mientras da volteretas… pero hoy es distinto. Su padre grita más de lo normal, su madre lloraba con una tristeza en el alma que jamás había reflejado de tal manera… Pero Clara no puede… no quiere aceptarlo y ella sigue cantando con una temblorosa voz…

Se oyó un grito seguido de un estruendo y Clara sintió miedo. Se hace el silencio. Con el corazón en un puño, Clara salió de su lúgubre cuarto abriéndose paso entre las basuras. No había rastro de su padre. Al llegar al salón, vio que su madre yacía en el suelo. Un chorro de sangre le resbalaba por las sienes. Clara acarició el rubio y lacio cabello de su madre. Con miedo y delicadeza, le cogió la cabeza. Le dio un suave besito en la mejilla y con los labios manchados de sangre, le susurro al oído: Tranquila mamá, no estás muerta, solo dormida ¿verdad que sí? Yo estaré siempre contigo… siempre…Y con la mirada perdida y balanceando la cabeza de su mamá, cantaba:

Vivo sola en un lugar, donde no existe la felicidad, el sol muere y predomina la oscuridad, las calles están sucias y llenas de basura, vivo sola en mi planeta, sola en mi planeta…

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