Era inevitable. Pablo Casado quiere volar solo y ha quebrado las ataduras que le condicionaban desde el aznarismo y su FAES. No se trata de ruptura ni de frialdad. José María Aznar ha representado una etapa sustancial en la historia del Partido Popular. Pero las maniobras del sanchismo y las exigencias podemitas han hecho comprender al líder del PP que era necesario calafatear la nave y ponerse al timón para pilotar el rumbo a seguir.
Juan Costa, Jaime Caruana, Manuel Pizarro, Pablo Hernández de Cos y Elvira Rodríguez son algunos de los nombres que sustituirán a FAES en el consejo y en el análisis de la situación. La decisión está tomada y los nombres bien elegidos.
Pablo Casado se ha convertido en un excelente y demoledor orador parlamentario. Consolidado en el liderazgo del partido liberal conservador, acaricia ya los portones del palacio de la Moncloa, según todas las encuestas serias. Ha recuperado una buena parte del terreno que perdió Mariano Rajoy, el presidente fiel a su lema invariable. “De lo que se trata es de no hacer nada porque el tiempo lo arregla todo”. Ahora el presidente del PP se ha dado cuenta de que es necesario modernizar el partido y acercarlo a las nuevas generaciones que no saben lo que significa la Transición y que consideran anticuadas y menores las especulaciones y conclusiones de FAES.
Pablo Casado ha reflexionado seriamente sobre su hoja de ruta y, conforme a la gran exclusiva de La Razón se ha separado de FAES y ha emprendido un camino renovador que le acerca a Moncloa. La apuesta tiene mucho riesgo, pero analistas sagaces con los que he cambiado impresiones consideran un acierto el rumbo nuevo del Partido Popular dirigido por un hombre que ha madurado ya y que está decidido a que su partido liberal conservador recupere y robustezca el puesto que le corresponde en la vida política española.