Para librar los fondos europeos destinados a paliar los daños originados por la pandemia Covid-19, las autoridades europeas encargaron de su control a varias naciones, entre ellas Holanda. Los Países Bajos han exteriorizado ya sus recelos hacia el Gobierno español porque no creen que Pedro Sánchez vaya a acometer la obligada reforma de las pensiones, porque su Gobierno oculta haber decidido un retraso en la edad de jubilación y una rebaja de las prestaciones a los pensionistas. A Holanda le ocurre lo mismo que a muchos españoles: no se creen nada de lo que dice el presidente sanchista.
Mark Rütte, primer ministro de la Monarquía holandesa, es un político sagaz que, hace dos elecciones generales cuando se dio cuenta de la actividad de los hackers rusos, ordenó que se contabilizaran los votos con papel y lápiz y que los datos se transmitieran no por ordenador sino por teléfono. Ahora tal vez piense que ni Pedro Sánchez ni sus socios podemitas y comunistas respetarán la exigencia de la Unión Europea que consiste en que el actual Gobierno español no altere la reforma del mercado de trabajo establecida por Mariano Rajoy. También duda el señor Rütte del volumen que supondrá la subida de impuestos en España.
Nadia Calviño aconsejó a Pedro Sánchez que se plegara a las exigencias europeas en contra del radicalismo podemita. El presidente del Gobierno, atónito y contrito, maniobra sin cesar para no ponerse en contra ni a la Unión Europea, que le garantiza el dinero, ni a Podemos, que le garantiza la permanencia en el poder.
A pesar, en fin, de la última crisis de Gobierno, que Mark Rütte considera un simple maquillaje engañador, Holanda mantiene sus reservas en torno a librar los fondos que España necesita para recuperarse del desolador tsunami de la pandemia. Las apuestas tanto en nuestra nación como en Europa son varias y habrá que esperar para conocer la decisión final.