Opinión

No es tan difícil

TRIBUNA

Jesús Romero-Trillo | Jueves 29 de julio de 2021
Hace una semana, el viernes 23 de julio, el Parlamento de Sierra Leona aprobó por unanimidad la abolición de la pena de muerte en el país. Este es un paso muy importante para un Estado que ha sufrido durante las últimas décadas algunos episodios de extrema violencia, aunque hay que recordar que, si bien, a finales de 2020 había 94 personas condenadas a muerte, las últimas ejecuciones tuvieron lugar en 1998, es decir, la moratoria de la pena capital de facto ha durado más de dos décadas.

Aún así, el continente africano tiene aún por delante un gran desafío en la eliminación de la pena de muerte. De los 54 estados únicamente 23 han eliminado la pena capital en su legislación, aunque las moratorias prevalecen en el resto de los países. Recientemente otros estados la han eliminado, como Malawi (abril 2021) y Chad (mayo 2020). Es de esperar que otros Estados avancen en esta dirección próximamente, pues la defensa de los derechos humanos crea un contagio positivo y los países que mantienen la pena de muerte, los llamados “retencionistas”, encuentran mayores dificultades en justificar su negativa a la abolición. En muchos casos, los países se escudan en el ejemplo de países influyentes en el continente como Estados Unidos o China que mantienen la pena capital.

Lo cierto es que África Subsahariana ha avanzado notablemente en los últimos años en aspectos clave para el bienestar de su población. Por ejemplo, según un informe del Banco Mundial de 2020, la educación universal en primaria y primeros cursos de secundaria es ya una realidad en algunos países del continente, como Sudáfrica, Kenia, Zimbabue o República del Congo, mientras que los que se encuentran a la cola han llegado al 80% en primaria y el desafío es aumentar el bajo porcentaje, entre el 40% y el 60% al comienzo de secundaria.

Otro de los grandes avances del continente africano en los últimos años ha sido el aumento de la cobertura del tratamiento del VIH-SIDA con antirretrovirales. Según los datos de ONU-SIDA 2021, el 77% de las personas infectadas en África Oriental y Meridional y el 73% en África Occidental y Central tienen acceso a los medicamentos. Sin embargo, las diferencias regionales son abismales en algunas franjas de población: mientras que en los países de África Oriental y Meridional el 95% de las mujeres embarazadas que necesitan los medicamentos tienen acceso a los mismos, y los menores de 14 años que necesitan tratamiento llegan al 57% del total; en África Occidental y Central únicamente el 56% de las mujeres embarazadas y el 35% de los menores tienen acceso a la terapia antirretroviral. No solo hay diferencia entre la vida en África y otros continentes a nivel médico, también dentro del mismo continente las posibilidades de sobrevivir al VIH-SIDA dependen del lugar donde se haya nacido.

Sin embargo, a pesar de estos datos -que son ciertamente alentadores en comparación con la situación de hace una década- el mundo occidental sigue dejando a África a la deriva ante las crisis humanitarias, y no me refiero a los conflictos bélicos o las catástrofes medioambientales. El 15 de julio solamente se había vacunado contra el Covid-19 al 1% de la población de África Subsahariana, y la iniciativa COVAX que promueve la colaboración para un acceso equitativo mundial a las vacunas calcula que en octubre de 2021 únicamente se habrá vacunado al 7% de la población.

Cuando en Europa se habla de una tercera dosis recordemos a los gobiernos que muchos millones de personas cerca de nuestras costas esperan la primera. Es una emergencia humanitaria en la que se juega el futuro de sus habitantes. No hace falta que organicen ninguna cumbre para decidir la estrategia a seguir, basta con que envíen las vacunas. No es tan difícil.

@jromerotrillo