A escasos días de la publicación del informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas, los efectos de los fenómenos climáticos extremos siguen aumentando en frecuencia e intensidad por todo el planeta: olas de calor, sequías, incendios, lluvias torrenciales, inundaciones... Es previsible que este sexto informe del organismo científico de la ONU, reunido desde el pasado lunes en Ginebra, establezca una relación causa-efecto clara y contundente entre el cambio climático antropogénico y la proliferación de este tipo de fenómenos, asociados todos ellos al aumento de la temperatura global.
Y eso es, precisamente, lo que se está viendo ya en el área del Mediterráneo, donde, según las previsiones científicas, las temperaturas subirán más de un grado en relación con otras zonas del planeta. En España se ha registrado un descenso de un 6% de las precipitaciones en el último año hidrológico -desde el pasado 1 de octubre hasta la primera semana de julio-, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Actualmente, las cuencas que se encuentran en una situación más delicada son las del Guadalquivir, Guadiana y Guadalete, con un 33%, 33,58% y 37,13% de agua embalsada respectivamente.
Pero el aumento global de las temperaturas no está asociado únicamente a este tipo de situaciones propias del verano. Buen ejemplo de ello fue la borrasca Filomena, que en el pasado mes de enero descargó una inédita nevada en el centro de España, que paralizó prácticamente por completo la ciudad de Madrid. Carreteras cortadas, árboles caídos, servicios suspendidos o miles de animales de granja muertos a causa de las bajas temperaturas, fueron algunas de sus más comentadas secuelas.
En Europa, en las últimas semanas han sido triste noticia las inundaciones que han tenido lugar en Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos y Austria, consecuencia de unas lluvias torrenciales nunca vistas en esas zonas, que han dejado inundaciones con cientos de muertos, desaparecidos y daños incalculables. El Servicio Meteorológico Nacional de Alemania (DWD) informó que, en solamente dos días (14 y 15 de julio), cayeron precipitaciones en una cantidad equivalente a la que suele registrarse en dos meses.
En la parte central de China, también han tenido lugar inundaciones inéditas. En algunas zonas de la provincia de Henan se acumularon, entre el 17 y el 21 de julio, más precipitaciones que la media anual. En Zhengzhou, la capital de Henan, en el espacio de seis horas se registró un volumen de precipitaciones equivalente a la mitad de su precipitación anual.
Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), los fenómenos peligrosos relacionados con el agua encabezan la lista de desastres en términos de pérdidas tanto humanas como económicas en los últimos 50 años. De los 10 peores desastres, aquellos que han supuesto las más grandes pérdidas humanas durante ese período han sido las sequías (650 000 muertos), las tormentas (577 232 muertos), las inundaciones (58 700 muertos) y las temperaturas extremas (55 736 muertos). "Cada vez más, los episodios de lluvias intensas llevan la huella del cambio climático. A medida que la atmósfera se calienta retiene más humedad, lo que significa que lloverá más durante las tormentas, aumentando así el riesgo de inundaciones", explica el secretario general de la OMM, Petteri Taalas.
En Norteamérica, desde principios de este mes de julio han vivido una ola de calor sin precedentes en los registros, con temperaturas de hasta 50ºC, que ha provocado colosales incendios en los estados de California y Oregón, que han calcinado cientos de miles de hectáreas, arrasado viviendas y provocado la evacuación de miles de personas.
Pero también en Canadá, donde el pasado sábado llegaron a declarase más de 400 fuegos en las provincias de Ontario y Columbia Británica, ocasionando también la evacuación de miles de personas, tras el registro de temperaturas inusualmente altas desde finales de junio.
Los efectos del cambio climático se están dejando notar, asimismo, en Centroamérica, donde las sequías están provocando ya migraciones climáticas hacia el norte o en la Amazonía, donde los incendios, recurrentes en las últimas temporadas estivales, están alterando el clima de todo el continente.
Según la OMM, el calentamiento global, causado por las emisiones de gases de efecto invernadero, aumenta la probabilidad de que se produzcan olas de calor en al menos 150 veces. "Las olas de calor sin precedentes que azotaron hace poco América del Norte están claramente relacionadas con el calentamiento global", señala Taalas.
Está previsto que el próximo 9 de agosto el IPCC publique el que quizá sea su informe más trascendental, puesto que servirá como sustento científico para el posterior debate político que tendrá lugar en la Cumbre del Clima de Glasgow (COP26), planeada para noviembre, todavía con la pandemia como telón de fondo.
Una parte de la comunidad preocupada por la crisis climática considera que el IPCC, que tiene treinta años de existencia, ha sido demasiado suave al presentar los datos en sus informes anteriores para evitar seguramente que se les etiquetara de catastrofistas y que esto fuese utilizado por los negacionistas del cambio climático. Filtraciones de los últimos meses del informe que está previsto se presente el 9 de agosto sugieren que los nuevos datos son desoladores, incluidas las previsiones de aumento de las temperaturas.
Tras el fiasco de Madrid, se espera que, esta vez sí, todas las naciones del planeta se comprometan a reducir sus emisiones a fin de lograr que la temperatura de la Tierra no suba más de 1,5º C. "No puede esperarse menos que los países lleguen a esa cita -aplazada de un año por la crisis sanitaria- con propuestas claras para alcanzar cero emisiones netas en 2050, con estrategias claras para lograrlo y planes similares en el horizonte 2030", comenta la responsable de cambio climático, en la ONU, Patricia Espinosa.
Por su parte, la directora ejecutiva del Programa de la ONU para el Medio Ambiente, Msuya Joyce cree que "después de años de promesas, pero no de acciones suficientes, los eventos climáticos extremos son advertencias de que tenemos que ponernos por encima de esta crisis que amenaza nuestro futuro colectivo".