Opinión

La Conferencia de Presidentes: Sánchez en estado puro

POR LIBRE

Joaquín Vila | Domingo 01 de agosto de 2021
No hay mejor retrato de la personalidad y el modo de gobernar de Pedro Sánchez que su excursión a Salamanca de este viernes. Como si se tratara de un acontecimiento, anunció a los cuatro vientos, quince días antes de que se celebrara, la llamada Conferencia de Presidentes. Como siempre, y ya ni es noticia, Pere Aragonés no asistió. También como siempre. Urkullu tuvo a bien acercarse, después de sacar unos milloncejos y quién sabe qué más al Gobierno. Y, como suele, el jefe del Ejecutivo dio un titular, los millones de vacunas Pfizer que había comprado, para que los medios de comunicación no destacaran los muchos abucheos e insultos que recibió en cuanto apareció por la hermosa plaza barroca. El Rey y Ayuso, sin embargo, fueron ovacionados.
Pero Pedro Sánchez, como si tal cosa, como si tuviera algún interés, se paseó con sus andares vaqueros junto a las columnatas del claustro del convento dominico de San Esteban, y allí, en una gran sala de actos, como el jeque de La Moncloa se sentó en la cabecera de la amplia mesa y empezó a hablar sin parar. Un largo monólogo que luego él traduce como si se tratara de un diálogo. Se explayó con las vacunas, como si tuviera algo que ver con el fármaco; se mostró generoso y displicente, llegó a prometer que repartiría a las comunidades la mitad de los 140.000 millones de euros que se va a embuchar de los fondos europeos. Se calló que el Gobierno controlaría el gasto de ese dinero y, sobre todo, se calló qué piensa hacer con la otra mitad. Y es que no se atrevió a decir que, en buena parte, estaban destinados a la propaganda del Gobierno; más bien, a la autopropaganda. Porque no está dispuesto a que las encuestas, todas salvo la de Tezanos, se cumplan, y que el PSOE se hunda y que el hombre se quede sin poltrona. Porque los dos largos años que restan para las elecciones generales son, en efecto, suficientemente largos como para bombardear a los españoles con su intenso y tramposo marketing político.
Según los asistentes, nada se decidió en el pretencioso acto. Pedro Sánchez habló, habló sin parar y muchos presidentes de Comunidad alzaron la voz para criticar al Gobierno por sus muchos errores en la gestión del coronavirus, por el galimatías de medidas autonómicas sin respaldo judicial, por sus cesiones a las Comunidades más antiespañolas como Cataluña y el País Vasco, por la opacidad en el reparto de los fondos y un largo etcétera. Sánchez, como el que oye llover, ni contestó. Eso sí, alardeó de sus muchos éxitos como si hubiera ganado una o dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos.
Y tal cual se fue. Nada se propuso, nada se decidió. Fue un puro diálogo de sordos. Pero queda la foto junto al Rey en la espléndida plaza de Salamanca, rodeado de los presidentes autonómicos. Y queda, sobre todo, el eslogan de sus múltiples conferencias celebradas este año, su actitud que pretende ser dialogante. Y su ridícula e inútil cogobernanza. Queda, como siempre, la propaganda. Y es que Pedro Sánchez, sin propaganda, se queda en los huesos.