Opinión

Ingresos y gastos

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 04 de agosto de 2021

Al igual que la elegancia y la educación jamás pueden ser exageradas, tampoco la pérdida del linaje de las buenas formas es apetecible, sobre todo porque convierte al individuo en pescado hervido y de ahí la sosería y el mal humor por cualquier cosa. Los seres insípidos, si además se agobian por no llegar a final de mes, entonces estamos ante un drama social con claro síntoma de mala baba por parte del actual Gobierno y sus acólitos. Pero aun admitiendo esta desgracia, que ya es decir, no se concibe que unos tipos dedicados a la política consientan el tirar, derrochar, despilfarrar e incluso no parar de aumentar los gastos cuando los ingresos disminuyen.

Los que vivimos bajo el orden de los años cuando los bancos gozaban de tenedurías personalizadas cara al cliente, sabemos que si en la cartilla de ahorros de toda la vida salía más dinero del que entraba, la cosa se convertía en pecado capital con agravantes para el purgatorio. No es buena señal que en este país cuanto peor, mejor; pero no hay un solo miembro (masculino o femenino) que se declare competente en descuadres contables; de manera que a real y media manta que en España cuantos menos ingresos, más se aumentan los cargos públicos y asunto resuelto.

No es necesario incidir sobre la importancia que tiene una buena administración, ya sea de orden doméstico como a nivel del propio Estado. Me consta que en ciertos hogares, si el mes se alarga, optan por prescindir de comprar anillas de calamar para el arroz caldoso. Más no acaba aquí la cosa, aprovechando que los españoles gozamos del merecido recreo que cuerpo y mente a bien requiere por tanta lujuria pandémica, las famosas cortinas de humo se siguen fabricando en los telares oficiales de Moncloa. A don Pedro le sobra y le basta para ser feliz con eso de salir sus cinco minutos de publicidad y anunciar que gracias a él los españoles somos los más altos, los más hercúleos y los primeros en todo. Se olvida de que también somos el país líder en dar subvenciones a troche y moche. Es un gesto de amparo con rédito implícito a urnas, ya saben, acciones de “caridad” a fondo perdido.

De tal manera que los ingresos no pueden competir con los gastos, pero no se preocupen ustedes que en septiembre sacarán la Ley de la nueva Aritmética de Tezanos para convencer a Bruselas que en España la suma de dos más dos son cinco, o más. Por eso aquí siempre cuadran las cuentas, menos para quien necesita llegar a final de mes y no lo consigue a menos que el Rasca de la ONCE le venga de cara en suerte.

Por cierto, por mucho que Europa nos inunde de millones nada de extraño tiene que los excesos del gasto público se conviertan en un ardid para sablearnos a quemarropa. A lo mejor en la reciente conferencia de presidentes celebrada en Salamanca, cuya crítica ha sido unánime: “Ni novedades ni acuerdos, mucho monólogo y poco diálogo” haya quedado claro que el problema no es que los gastos superen a los ingresos, es la manera que han tenido de celebrar la cuadratura del círculo a la vista del menú degustado por sus señorías entregadas a causa de excesos y a toda gula. A saber, Pan candeal de cuidado cereal, aceites de oro virgen, queso de oveja, jamón y lomo ibéricos de Guijuelo, croquetas de esmerado farinato, morcillas y cecina dando paso a Roast beef de lomo de ternera morucha y a pierna de lechazo de Castilla y León. Postres refinados como Sacatrapos de la Sierra y otros dulces que las referidas mercedes dignifican con su buen paladar. Para los vahos del vino nada mejor que blancos y tintos con denominación de origen. Licores, cafés e infusiones para el despertar de holgorios.

Para que luego digan que esto de comer carne es una mala costumbre que tenemos los españoles, pero ya sabemos que mientras el rico come el pobre se alimenta; aunque maldita la gracia que sus señorías lo hagan siempre a mi costa. Más no crean sus señorías que el pueblo aplaude de seguido todas estas muestras de opulencia mientras otros miran, pagan y recogen las migas, que todo tiene su límite con tanto tocarnos la higa, pues en cosa de hambre la fe se ciega y peligroso es andar sobre el alambre. Además sepan sus señorías que darle sustento a los adentros es costumbre de buenaventura para propios y ajenos, pues no es tanto el saciarse como el mantenerse erguido merced a procurar a cada cual ración diaria de alimento. Aquí o comemos todos o tendremos mal de hambres, cosa que puede traer pesadumbres y calambres. Por hoy les dejo que se me queman las lentejas.