Opinión

Picasso

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Sábado 07 de agosto de 2021

Penetro en campo minado.

Aviso, así, cuando escribo sobre temas que tienen alguna carga emocional y pueden molestar. El personaje Picasso está tan vivo que sigue activando pasiones y mi opinión sobre su obra no es todo lo positiva que la beatería exige al osar analizar a estos ídolos, sobre todo si las Izquierdas los consideran de su propiedad. Picasso perteneció al Partido Comunista.

Es más, por las mismas razones que nosotros consideramos al Greco como pintor español, yo considero que Picasso es un pintor más francés que español. Casi toda su vida pictórica se desarrolló en Francia, inmerso en movimientos que aquí se desconocían y a pesar de su resistencia, consciente y tenaz, a abandonar ese fondo de dramatismo y transcendencia que la pintura española tiene, cayó, inevitablemente, en lo que Dalí llamaba “buen gusto francés”, “coña” con la que quería acusar a la pintura francesa de ligereza y superficialidad, opinión con la que, aun dentro de la inevitable admiración que merece, estoy de acuerdo.

Picasso está, ahora, en los “papeles” por la donación, por parte de un coleccionista, de un pequeño cuadro con la condición de que se exponga en El Prado. Ya veis, lo que no consiguió su regalo, también condicionado, de El Guernica.

Me creo, ahora, en la obligación de escribir brevemente sobre él, aunque me confieso, de antemano, derrotado, pues es imposible, para mí y para nadie, analizar y emitir opiniones certeras y definitivas sobre un pintor tan frondoso y tan zigzagueante como él.

Después de algunas vacilaciones se instaló, muy joven, en París y allí, como los demás, metió la cuchara en los platos de todos, asimilando todas las escuelas y tendencias con una glotonería inaudita.

Los periodos azul y rosa fueron, quizá, su primer intento por acotar un territorio personal, aunque, a mi juicio, sin entidad suficiente. Su gran hallazgo, por el que merece pasar, con letras mayúsculas, a la historia del Arte, fue el Cubismo.

Braque y Picasso, influidos por Cezanne, sintieron, al mismo tiempo, su llamada y por Las señoritas de Avignón, se despeñaron en él. Trabajaron tan compenetrados que sus cuadros llegaban a confundirse pero, aunque Picasso participó, de esa forma tan activa, en ese movimiento, yo creo que la inventiva fue más de Braque, cuya carrera se asocia, totalmente, con ese movimiento, que está, ya, al borde del informalismo, del que Picasso huyó, siempre.

Braque, como buen francés, era cartesiano y nada apasionado, lejos del temperamento volcánico de Picasso, imposible de contener en una disciplina tan rígida. Matisse, que tendría un mal día, bautizó el movimiento cuando rechazó a Braque sus cuadros para el Salón de Otoño.

Tambien inventaron el Collage que traía las novedades de incorporar objetos al lienzo y el abandono del modelado y la talla en las esculturas, creándolas incorporando objetos, lo cual ha abierto, creo yo, el amplio y resbaloso camino de las “Instalaciones”.

Es imposible no mencionar aquí a Juan Gris que dedicó su corta vida pictórica, desarrollada en Paris, enteramente al Cubismo, al que suavizó y dotó de un refinado colorido que hace que los franceses puedan considerar como propio a otro gran talento, nacido en España.

Durante la guerra (14-18) fue volviendo, a su manera, a la figuración. Su encuentro con Los Ballets Rusos, le llevó a colaborar diseñando escenarios y atrezzo. Conoció a Olga, una de las bailarinas, con la que se casó.

Aquí cambio, para siempre, su vida y su obra. Desde entonces disparó en todas direcciones buscando inspiración en todo, antiguo y moderno y saltando desde la figuración mas académica y retratos de encargo hasta la raya de la abstracción, que, siempre rechazó. Pintura, escultura, dibujo, grabado, cerámica, diseño, escritura. Su trabajo es inmenso y se necesita la colaboración de un entomólogo para analizar y clasificar, si se puede, su obra.

Santón de la Izquierda es, desde entonces, venerado por la crítica, el mercado del arte y la sociedad, que le consideraba como una parte de la tradición francesa. Hasta los surrealistas y su profeta Bretón, le tuvieron como uno de los suyos sin que él hiciera nada por merecerlo.

Sí, ya se, a mí tampoco me gustan algunas cosas de su obra; pero... a ver quien es el guapo que osa separar el trigo de la paja.