Lucía con orgullo un fino bigote falangista. Acudía los miércoles de cada semana a impartir a los alumnos del Colegio del Pilar la asignatura obligatoria “Formación del espíritu nacional”. Cantaba las glorias del “invicto Caudillo” y nos daba una lata inigualable. Nadie le hacía caso porque justo es reconocer que los religiosos marianistas solo le soportaban por imposición legal de la dictadura.
Ahora Isabel Celaá, oscura y encelada, ha pretendido hacer lo mismo: establecer como obligatoria una asignatura que dicte a los colegiales el espíritu sanchista y los forme en él. La tentación totalitaria le ha explotado en las manos al mundo de Pedro Sánchez cuando ha pretendido extender incluso a las matemáticas la igualdad de género y el sentimiento sanchista porque, para Isabel Celaá, 2 más 2 no son solo 4 sino 4 más el sentimiento que se desprende de la figura del César monclovita.
Pitágoras, que recitaba a Homero y que, según algunos, murió de hambre perseguido por Cilón, se hubiera quedado estupefacto. Y no habría aceptado en ningún caso que se adulterara con adoctrinamientos ideológicos su teorema sobre los triángulos rectangulares ni la significación que los números tienen en los órdenes todos de la vida incluida la música.
Polemizó Pitágoras con Tarquinio el Soberbio y hubiera hecho lo mismo que Carlos Herrera con Celaá, la supersoberbia. Dejad las matemáticas en paz, ha clamado el gran periodista para calificar a Isabel Celaá como “la ministra más tóxica, sectaria e incompetente que ha pasado por Educación”. Pues claro, formaba parte del Gobierno de Frente Popular y el ala comunista nunca cede el influir en la Educación. En contra de los principios de derecho público cristiano, el marxismo-leninismo pretende el adoctrinamiento de los colegiales a través incluso de las matemáticas. La impregnación comunista del actual Gobierno es un hecho, moderado a ráfagas por las exigencias democráticas de la Europa unida a la que pertenecemos.