Cultura

"La Noche en Blanco" decepciona tras su éxito de convocatoria

Más de 1 millón de asistentes

Domingo 14 de septiembre de 2008
Sacar a los ciudadanos a la calle poniendo “guapa” la ciudad y proponiendo un sábado alternativo, cívico y didáctico, es de aplaudir, como ocurrió la noche del sábado en Madrid. No obstante, convendría tomar nota para la próxima edición y no sólo pretender hacer de “La Noche en Blanco” un éxito de asistencia sino también que los madrileños vuelvan a casa sabedores de que la caminata y las estrecheces han merecido la pena.

Un mar de cabezas desde el Templo de Debod hasta la Puerta de Alcalá. Fue el recorrido elegido por gran parte de los madrileños. Supuestamente el templo y sus alrededores se iban a convertir en una playa, pero el mar sólo estuvo en el oído, gracias a un altavoz. Nada más.

La Plaza de España se vistió con una instantánea de grandes dimensiones del fantástico fotógrafo español Chema Madoz, en una particular visión de la Luna. Tras el buen sabor de boca de Madoz, la odisea de Gran Vía. Hasta llegar al Círculo de Bellas Artes, tan sólo un escenario en Callao y unos tubos hinchables dorados entrelazados en el edificio Telefónica.

Por fin, en el emblemático nexo de las calles Alcalá y Gran Vía, con el Banco de España, el Círculo de Bellas Artes o el Instituto Cervantes como testigos, la cita de la noche. El funambulista Jade Kindar-Martin, el mejor del mundo, se disponía a caminar sobre los cielos de Madrid bajo la atenta mirada de decenas de miles de espectadores. Hacía frío, pero fue el viento el que suspendió la actividad. Nada que reprochar, Kindar-Martin no lleva protección, se juega la vida, fue una decisión correcta a pesar de la lógica decepción tras la expectación creada durante todos estos días.

En media hora se podía llegar a la Puerta de Alcalá, a unos 400 metros del punto anterior. Entre codazos y pisotones, en mitad del trayecto se podían ver gigantes “patitos” de goma en una fuente de Cibeles sin iluminar, por lo que había que intuir a tan simpáticos animales. Besos, muchos besos proyectados en el Palacio de las Telecomunicaciones –actual Ayuntamiento- al sonido de “muak” que lanzaban al aire varios altavoces.

Concluyendo el paseo, la Puerta de Alcalá era cita imprescindible ya que iba a estar iluminada por Eugenio Ampudia, premio de la crítica en Arco 2008, con 30.000 watios de luz. El resultado, una luz proveniente de varios focos que, a modo de flash, iluminaba cada pocos segundos el monumento –que podían atravesar los madrileños por una pasarela tras aguardar pacientes en una extensa cola-. No sorprendió a nadie.

En vista del vacío que dejaron estas “actividades”, la cercanía de las grandes pinacotecas o edificios como la Bolsa, a los que se podía acceder gratuitamente, animaban a hacer un último esfuerzo, pero éste fue en vano para los que llegaron más tarde de las doce o una de la mañana. Puertas cerradas y disculpas por no dejar pasar ya a nadie. Vuelta a casa, sensación de vacío y dolor en las piernas.

Por lo demás, satisfacción para los que decidieron no recorrer la ruta central de eventos y centraron su “Noche en Blanco” en gozar del “Mar de luces”, de Giancarlo Neri, en el Manzanares, una espectacular instalación de 10.000 luces esféricas de colores, de la Orquesta Nacional de Jazz frente al Congreso de los Diputados, o de la recreación en el Palacio Real de una cena ambientada en la corte de Alfonso XII. Mala suerte para los que optaron por alquilar bicicletas para no perderse ninguna cita. Apenas se podía circular a pie, mucho menos con este medio de transporte que tanto se echa de menos en Madrid el resto del año.

No obstante, las primeras estimaciones hablan de más de un millón de personas las que tomaron las calles la noche del sábado a pesar del frío y del viento, más propios del otoño tardío que del final del verano. El alcalde de la ciudad y máximo responsable del evento, Alberto Ruiz-Gallardón, dio por "consolidada" a la vista de la "masiva" respuesta ciudadana. "El éxito de La Noche en Blanco no reside sólo en el número de personas que acudan, sino que queremos dimensionar y consolidar la iniciativa y que el interés por la cultura se prolongue a lo largo de todo el año", explicó el primer edil. Se deduce de sus palabras que el año que viene habrá más. Esperemos que mejor, aunque se le agradece que haya sido capaz de reunir a tal cantidad de gente de forma cívica y ejemplar, con la cultura como excusa de excepción para disfrutar la noche madrileña.

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