Opinión

Un periodista de excepción: Tico Medina (2)

TRIBUNA

José Manuel Cuenca Toribio | Sábado 14 de agosto de 2021

Al margen de ello, es claro que la atmósfera literaria que respiró D. Tico Medina en su adolescencia y juventud granadina estuvo impregnada del talante y espíritu del gran diario alumbrado casi simultáneamente con la venida al mundo de nuestro académico. El periódico, con La Verdad de Murcia y el pacense Hoy, acaso el más conocido y afamado de la principal cadena en todos los órdenes de la prensa española –Edica, perteneciente, según es harto sabido, a la ACNP- se convirtió desde su salida en el órgano informativo más influyente y acreditado de la ciudad de los Cármenes y su extenso hinterland -no solo el de la provincia granadina, sino de buena parte del Oriente andaluz-. Con su asidua lectura se forjaron los sueños y planes de Tico Medina de tallarse un cursus honorum como el de los articulistas, redactores y corresponsales que labraron en un tiempo record la reputación indiscutida de la galaxia periodística que giraba en torno a El Debate, alabada incluso por los más sañudos de sus adversarios. (Y cuenta que en este terreno surgen como hongos…)

Pasada la excruciante contienda civil – (“El crimen fue en Granada…”)- y la no menos terebrante postguerra, las ilusiones de Tico Medina se hicieron realidad, materializándose en la para él –como para cualquier otro joven en su misma situación- fastuosa, casi mágica incorporación a El Ideal. Paralelamente comenzó también su actividad radiofónica, en la que pronto aquistaría una amplia y fiel audiencia, sobre la que, tiempo adelante, se asentaría uno de los más sólidos pilares de su aureolada presencia en las ondas, paso previo igualmente de su brillante protagonismo en el último cronológicamente y primero mediáticamente medio de comunicación, la televisión, con intervención permanente en programas de ámbito nacional y, luego, regional o autonómico, singularmente, obvio es, en los de su tierra natal, la ancha y universal Andalucía.

Pero la cosa, como se decía más atrás y ahora se reitera con lenguaje evangélico, comenzó con el periodismo… En días de desaforado centralismo el imán madrileño resultaba invencible para los mozos deseosos de laureles y oportunidades. Dos gigantes de la prensa española de comedios de la centuria pasada, Informaciones y Pueblo, contaron en sus ambiciosas y competentes redacciones con los muy valiosos servicios del periodista provinciano que, sin tardanza, conquistara con ellos el eco y estima de un público al que con pertinacia y agudeza singulares calificara algún colega de nuestro académico como “Parlamento de papel”. No existía el verdadero, el surgido de la soberanía del pueblo: pero ninguna dictadura y aún menos ningún régimen autoritario como lo fuera el tardofranquismo, conforme la autorizada afirmación del coterráneo de Medina y dios mayor de la sociología política española contemporánea, Juan Bautista Linz Storch, le es dable vivir sin una opinión pública mínimamente crítica y responsable. En la proeza cívica que supusiera la formación, contra viento y marea, de unos sectores sensibles a la normalización del país a través del restablecimiento democrático impulsado por la propia evolución del Régimen, constreñido por último a impulsarlo por esta presión social, los periódicos de los que fue parte muy activa nuestro ocuparon un lugar destacado.

Un género periodístico muy peraltado en la época, el de la entrevista, encontró en Tico Medina uno de sus máximos representantes, llegando a ser considerado como un auténtico maestro en las vocacionadas generaciones que, por indiscutible derecho de conquista, dieron a la Prensa de finales de la dictadura un nivel escasamente igualado antes y después de aquellas fechas. Entre colegas y rivales de alto coturno, la figura del periodista granadino se alzó como elemento de referencia y marca de probada calidad.

Y aquí, sí, una vez más, los senderos del periodismo y la historiografía se entrecruzan, en beneficio principal de la segunda. El ebullente clima del tardofranquismo, pleno de tensiones, rumores, dimes y diretes, eufemismos, florentinismos y maquiavelismos de vía más o menos estrecha, de férvidas esperanzas y frustraciones sin fin, quedó recogido de manera muy especial en los reportajes y, sobre todo, en las entrevistas a los personajes del régimen y de la tolerada oposición que Tico Medina, en vanguardia indiscutible de una nutrida cohorte de alevines y periodismo, encabezara con envidiable perspicacia, habilidad e ingenio, mucho ingenio.