Editorial

Biden no puede eludir su responsabilidad en la tragedia de Afganistán

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Martes 17 de agosto de 2021

A Biden le ha costado tres días abandonar Camp David, su lugar de vacaciones, para dar una rueda de Prensa en Washington y, en lugar de reconocer su error, ha culpado al Ejército afgano de haberse rendido a los talibanes. Los terroristas musulmanes han tomado el país en apenas una semana y ya han proclamado el Estado Islámico. El presidente norteamericano, sin embargo, reconoció que estaba convencido de que esto no ocurriría. La ONU, tan inútil como suele, ha convocado una reunión del Consejo de Seguridad para confirmar que ya se están violando los derechos humanos. La UE tiene previsto reunir a los ministros de Exteriores para acordar la repatriación de los ciudadanos. De la OTAN nada se sabe. Y Pedro Sánchez sigue en La Mareta, mientras los aviones españoles que deben volar a Kabul para salvar a los funcionarios de la Embajada, ya sean españoles o afganos, todavía no han llegado a Kabul; uno acaba de aterrizar en Dubai para hacer escala. Eso sí, el presidente español ha escrito en su cuenta de Twitter un “emotivo” mensaje: que hay que preservar la dignidad de los ciudadanos. Todo un acierto. Solo Merkel y Macron han comparecido ante los medios de comunicación para dar cuenta de las gestiones de sus Gobiernos y para anunciar que sus ciudadanos ya han sido repatriados al igual que los italianos.

Al final, con Biden a la cabeza, son los políticos occidentales los principales responsables de la tragedia de Afganistán. Han fallado los servicios de inteligencia que no previeron que los talibanes tomarían Kabul en apenas una semana desde el momento en que las tropas norteamericanas se retiraran. Mientras, Rusia ya se prepara a estrechar sus relaciones con el nuevo Afganistán, China se ha ofrecido a la reconstrucción del país y Pakistán, el refugio de los terroristas, recuperará su influencia ultra islamista.

En poco más de una semana, la retirada de las tropas americanas ha echado por tierra los 20 años de la reconstrucción del país, con un gobierno legítimo que había aprobado una Constitución democrática que permitió a los afganos recuperar los derechos humanos. Las mujeres, en especial, perderán las conquistas que tanto esfuerzo les había costado lograr. Las niñas de más de 10 años no podrán estudiar en las escuelas y las mujeres volverán a depender en todo de los hombres: no podrán trabajar, ni salir solas a la calle y tendrán que llevar el burka. En otro caso, serán lapidadas.

Nadie cree la promesa de los talibanes de que no piensan vengarse. Ejecutarán a todo aquel que haya colaborado con las fuerzas occidentales e impondrán la ley islámica que arrampla con cualquier vestigio de derechos humanos. La desesperación de algunos afganos arriesgando su vida por abandonar Kabul, al intentar entrar en los aviones en pleno despegue y muriendo al caer demuestra que sabían el futuro que les esperaba.

El mayor responsable de esta tragedia humanitaria es Joe Biden. Su torpe decisión ha invitado a los talibanes a emprender la conquista de Afganistán. No puede el presidente norteamericano culpar al Ejército local. Ha cometido un gravísimo error que supondrá un lastre para su entera legislatura. Porque era evidente lo que iba a ocurrir. Pero el ruido de las metralletas no llega ni a Camp David ni a La Mareta.

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