José Manuel García-Margallo fue un eficaz ministro de Asuntos Exteriores. Demostró su hábil inteligencia para lidiar los problemas generados en las relaciones internacionales. Se distinguió siempre por la moderación y la prudencia. Y, sobre todo, por la claridad y la firmeza de sus ideas.
“El Gobierno español ha tenido una posición de absoluta irrelevancia. El presidente Macron anunció que iba a tener contactos con Boris Johnson para hablar de las medidas que había que tomar para que Afganistán no se convirtiera en una plataforma terrorista. También habló con Merkel para tratar de establecer una estrategia común ante un flujo de éxodo. A nosotros no se nos mencionó”. Con estas palabras Margallo ha subrayado la irrelevancia de España en una crisis que puede causar a nuestra nación más problemas de inmigración y seguridad que a Francia, Inglaterra o Alemania.
“Uno de los problemas -escribe Margallo- es que Afganistán se convierta en plataforma de exportación de terroristas islámicos a zonas que sí nos afectan, como el Sahel que ya se encuentra con numerosos grupos terroristas que pueden desestabilizar el Magreb”.
Y no solo eso. España está en el punto de mira del terrorismo yihadista. Lo hemos padecido ya con los descomunales atentados en Madrid y Barcelona. Y algunos de nuestros monumentos arquitectónicos más relevantes están directamente amenazados. España forma parte destacada de la Unión Europea. Y el Gobierno Sánchez, al que nadie hace caso, tiene la obligación de salir de su parálisis y exigir el lugar que nos corresponde para combatir junto a nuestros aliados europeos posibles atentados similares a los que ya hemos padecido. Y, aparte, claro, compartir en la debida proporción la inmigración afgana que puede dispararse como en etapas anteriores.