Opinión

Afganistán: anarquía y vergonzante desbandada

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 19 de agosto de 2021

La huida de los yanquis en estrepitosa estampida cual derrota, con helicóptero incluido elevándose a lo Saigón1975 –para vergüenza rediviva de las barras y las estrellas– deja un maremágnum informativo donde prima la preocupación fundada por la suerte que correrán las mujeres en un nuevo orden impuesto por los talibanes, un tema no menor pero ni único ni toral en el conflicto que nos ocupa. Y no lo expreso desde la comodidad de ser varón ni hacerlo desde América, sino porque hay asuntos puntuales que no puede acallar un burka, por muy burka que sea. Una complejidad que por sí orilla a invocar la memoria personal para centrar la atención en lo más trascendente. Rememoremos cómo llegamos a esto, ya que estamos en presencia del posible nacimiento de un estado terrorista. Y mal lo será para todos, hombres y mujeres por igual, si se materializara. Es injustificable.

Recordemos: una semana después del 11 de septiembre de 2001 –al que no vieron venir los afamados servicios de inteligencia de EE.UU., que tampoco vieron venir la pronta caída de Kabul– marché a Rusia en viaje de placer, ya con la parafernalia de controles aeroportuarios que seguimos padeciendo, con el miedo a ser sorprendido allí por una invasión yanqui anunciada a tambor batiente contra Afganistán para someter a Osama Bin Laden (que al final solo fue abatido 10 años después y en Pakistán) y temiendo por mí que sucediera tal conflagración a las puertas de Rusia, complicando mi estancia y mi retorno seguro a México. Era casi una zozobra. Los yanquis estaban fúricos buscando culpables y oportunidades.

Desde luego que no me sorprendió que los supuestamente infalibles e imbatibles servicios de inteligencia yanquis –ahora falibles y abatidos una vez más en 2021– erraran sus diagnósticos como lo hicieron ahora, ese 2001 sospechando que los terroristas del 11S entraron por la “incontrolada” frontera con México, cuando que ingresaron por la muy controlada canadiense y con pasaporte en mano, para más burla. Se les fueron de las manos. También entonces. Craso error. Y dicen que no la vieron venir esta caída de Kabul. ¿Qué? ¿estaban embobados mirando los JJ.OO.? ya las últimas semanas era evidente el avance y la arremetida talibán. Resulta inaudito que afirmen no haberlo previsto. Lo dicho: no son invencibles los yanquis y los talibanes lo supieron siempre. Y nos lo están demostrando de nuevo.

Afganistán. País bisagra inventado entre los Imperios ruso y británico asentado en India, con 46 grupos étnicos metidos en un saco, puestos a descubrirse afganos, ingeniándose la identidad. Menuda tarea. Y pese a ese panorama tan bizarro, despertando los apetitos de las potencias que no cesan de invadirlo. Dejémonos de monsergas de construcción de país y altruismo. Por favor, por favor, por favor....Es cosa de mirar un mapa y ver su estratégica posición. Por menos quedarse esa tierra es quedarse el centro de Asia, situada a medio camino de Rusia y China, que vio la inopinada presencia yanqui como provocadora amenaza.

Y es que el 11S desató después de las hipócritas palabras de Bush Jr. clamando al Cielo preguntando por qué los atacaban –por envidiarles, dijo, callándose la extensa lista de agravios propinados por su país a medio planeta– el que se orquestara una invasión al país asiático supuestamente para perseguir al agraviante. Derribaron al gobierno talibán enseñoreado desde 1996 al sacar a los herederos de la victoria sobre los soviéticos (los muyahidines) y sin aprender de un terreno agreste, la derrota soviética, antes de la británica y la de Alejandro Magno y de Vietnam. Ni por casualidad repararon en el apodo de esa tierra: “Tumba de los Imperios”. Todos fulminados. Reconozcamos que los afganos han de estar un poquito hasta el moño de tanto invasor iluminado que acude a llevarles lo no solicitado. Y se presume que de a gratis, ¿no te fastidia? Total: veinte años después con 2694 yanquis muertos, 1147 de la OTAN, 47 mil civiles y 69 mil policías afganos fallecidos, 51 mil opositores y con 2 billones de dólares invertidos y que difícilmente serán recuperados –haga de cuenta como aquello de los JJ.OO. recientes– preguntémonos sin rasgarnos las vestiduras: por qué la fuerza talibán no se extinguió, sino que se robusteció por dos décadas. Algo no hicieron quienes invadieron ese territorio. Algo no consiguieron, acaso su sitio. Y alguien financió.

Ya lo admitió Biden: no fueron a construir nación. Desde luego que no. Él, a quien se le reprocha no haberse salido antes. No podía, no gobernaba. Obama se hizo el remolón con la salida, dándole largas a esa guerra de los republicanos, estúpidamente “patriótica” y que prolongó para no eliminar bases militares y gasto bélico cual motor de su economía sobrecalentada y sobreendeudada desde el final de la anterior Guerra Fría. Arguyó solo abandonar Afganistán con una meta nunca alcanzada: reinando la estabilidad. Cándido. Y ¿Trump? pues ya se sabe, un burro en cristalería que firmó el acuerdo de Doha con una facilidad que asombra para su mastodóntico proceder habitual y con Pompeo por ribete de la que fue calificada como una derrota yanqui ya en 2018-19. Era cosa de tiempo verificarla y ya se produjo, aunque el actual secretario de Estado, Blinken, niegue que Kabul sea otra Saigón. ¡Es Saigón! y esta una vergüenza como la de Vietnam si no es que peor por sus consecuencias, que no quedarán en peliculitas hollywoodescas. Y ojalá que me que equivoque, pues Doha no es París-73 al ser una incógnita inquietante saber qué acarreará el nuevo emirato considerado adversario de ISIS, un dato no menor porque no se sabe cómo lo detendría y qué rumbo per se, tomará.

Parece mentira que Trump aceptara a cambio del retiro de tropas y apoyo financiero al ejército afgano hasta 2024 (ignoramos si esto sigue en pie) que los talibanes le aseguraran que no permitirían que su país acogiera terroristas. No porque ellos lo sean o no, sino porque aquellos otros tampoco los aprecian ni los valoran. No hay nexos aparentes con ningún grupo adversario, pero si no se despabilan los talibanes, podrían ser rebasados y pronto, colárseles por doquier. Y fueron veinte años de edulcorar, vender bonito, disfrazar una presencia invasora con OTANES y agencias de cooperación. Claro, con la ayuda de afganos que, acaso de buena fe, colaboraron y hoy se teme por sus vidas, pese a los ofrecimientos de no represaliarlos, como también los de invitar a mujeres al gobierno. Sí, con la insistencia de hacerlo “bajo la ley islámica”. Tanta tersura….

Que los talibanes no permiten las drogas, mas se financian con ellas. La presencia invasora en Afganistán generó bajo las botas yanquis que el cultivo de amapola se acrecentara de 74 mil a 320 mil hectáreas. ¿En qué quedamos? ¿En dónde queda la perorata del combate antidrogas auspiciado por EE.UU. que ha masacrado a la América Latina en su nombre y a México en particular? EE.UU. pone los discursos y el dinero y el resto, los muertos. Y sí, se entrometieron en Afganistán no para construir país, que lo alardean en un discurso que chirria planteándolo como si no hubiera antes país y dueño y con una decimonónica idea de llevarles civilización por clemencia y magnanimidad esperando aplausos. Tantita cara y menos desfachatez y desvergüenza de todos. ¿Y la droga? ¿dejarla así al garete? Vale. Al fragor y a río revuelto, China acercóse al talibán y presupone debilidad yanqui. a Taiwán, Pekín ya dijo: tú sigues, serás mía y sin defensa yanqui. Taipei responde: ilusos.

Pues ya se agravó el enfermo: se largaron los yanquis de Afganistán apenas sin cerrar la puerta y con tal desparpajo y fárrago, dejando tras de sí anarquía, caos y a sus aliados, varados porque ya no les son útiles –véales, agazapados a los aviones– y sin aún saber qué más se llevan y consiguen, además de la propinada e insalvable derrota. Siquiera de Iraq se robaron su petróleo gansterilmente. De aquí, ni idea que se robarán. Queda un vacío que no sabemos si los talibanes llenarán. ¿Lo conseguirán? ¿y a qué precio? Ambas preguntas no sobran. El riesgo de que tal país sea llevado por los aún menos recomendables, es latente y una verdadera amenaza mundial. Mas no era mejor que los yanquis perpetuaran su presencia. No nos equivoquemos. Y todo para qué persistan las dudas acerca de si realmente se mató a Bin Laden. No sus ideales, dígase. ¿Afganistán será un Vietnam renovado en el futuro como lo es aquel? ¿O una guarida de terroristas? No sabemos. Para mí lo de la madriguera y los burkas considero que prevalecerá. Y el planeta que se persigne. A ver cuál nueva guerra se inventarán los yanquis.

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