Son muchos los que consideran un acierto que en el seno del PP, y siempre desde respeto que los candidatos se merecen, se produzca en Madrid el pluralismo que el buen sentido democrático aconseja. No se trata de enfrentar a unos contra otros. Se trata de abrir ante los afiliados la posibilidad de elegir, de mostrar la preferencia por la candidata o el candidato que se considera más idóneo para prorrogar en la capital de España el éxito alcanzado por el partido tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad. Liderar el PP en Madrid constituye una gran responsabilidad y no parece contraproducente, sino todo lo contrario, que a los populares madrileños se les ofrezca la posibilidad de ejercer el derecho de elección.
Aseguran que ha sido Pablo Casado el que ha propugnado huir de la candidata o el candidato único. Y aún a riesgo de que se le acuse de propiciar contraproducentes encontronazos, el pluralismo es siempre beneficioso. Aparte de otros candidatos que puedan surgir, Madrid dispone de dos pesos pesados: Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida. Cualquiera de los dos será un excelente líder para el PP madrileño. Y se producirá el juego limpio, el respeto entre ambos, la mutua admiración, la adhesión generalizada de los militantes del PP.
La democratización interna de los partidos robustece la política de la libertad. Por eso hay que evitar los aspavientos de los que apuestan por el monopolismo político. El Partido Popular, con Pablo Casado al frente, se perfila en todas las encuestas serias como vencedor de las próximas elecciones generales. Madrid, tanto el Ayuntamiento como la Comunidad, suman factores positivos a las posibilidades del PP en las elecciones y contribuirán a despejar los horizontes de Pablo Casado ante la resistencia de Pedro Sánchez que defenderá como una pantera de Java, su poltrona monclovita, la silla curul del Gobierno español.