Opinión

Lo cursi

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 08 de septiembre de 2021

A día de hoy la cursilería mal gestionada es un fenómeno tan horrendo como el ser domador de petunias. Una cosa es mirarse al espejo y que este te responda y otra muy diferente es pretender justificar que tu ombligo es el centro del universo para que todo el mundo se quede boquiabierto. La soflama tan cursi y tan untada de comunismo que se ha marcado Yolanda Díaz en el prólogo al ‘Manifiesto Comunista’ de Marx y Engels da buena cuenta de ello y de su pobreza evolutiva, más que nada por el favor que la especie humana está obligada a hacer a la desmemoria histórica tan traída por este Gobierno, para según sea el color del odio de la contienda que refleja el espejo de doña Yolanda. Y ahora viene la parte cursi de su vertida prosa cuando doña Yolanda elabora un texto especial para la reedición del susodicho libro en el año en que el PCE cumple un siglo. Sostiene que se trata de una obra de gran poder transformador y añade que el pensamiento de Karl Marx parece escrito, con tinta indeleble, sobre el viento de la Historia. Toma ya.

Luego viene esa manera de decir tan suya y ampulosa que hace que la prosa se convierta en picadura de mosca tsé tsé: “En el mensaje de Marx y Engels, su mirada sobre los mecanismos de la producción capitalista sigue arrojando comprensión y luz sobre nuestro mundo” Y como la fidelidad de su alambicada manera de contar las cosas es la que es, pues suelta algo parecido a la famosa e hilarante frase aquella: “…..la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. Comprueben y juzguen ustedes mismos: “Hay muchos marxismos en Marx, muchas refutaciones y rescates. Ópticas poscolonialistas u ortodoxas, visiones que condenan su sesgo patriarcal o que celebran su relación con la naturaleza y el medio ambiente”

Estas son unas simples pinceladas del prólogo, pero en esa catarsis de amasada tiesura, remata su prólogo con esta afarolada cursilería: “El ‘tiempo de ahora’ afirmaba Walter Benjamín, es ese momento concreto en el que el pasado colisiona con el presente y resurge en él. Quizás como esa gran ola que se gesta lejos de la orilla, donde no alcanza la vista, en el medio del mar, y que acaba por romper en la roca bajo nuestros pies. Ahora”

La ministra de Trabajo es, sin duda, una imagen fiel del anacronismo verbal y escrito que este gozoso país tiene a bien disfrutar. Lo digo porque doña Yolanda es una clásica del Club de la Comedia, con perdón hacia los grandes profesionales del humor, porque nos tiene acostumbrados al desenfoque de su particular manera de explicar en jerga maorí cualquiera de sus teorías, ya saben, los ERTE, la patria y la matria, etc. Es lo que tiene la involución de algunas personas que aún permanecen ancladas en el óxido de las descompuestas y rancias ideologías.

Lo que hay de lastimoso en lo cursi es la ignorancia. El cursi se presenta como un absoluto ignaro, cuya impericia tiene dos vertientes. Una, la de no saber que es cursi; otra el no saber comportarse. De los muchos sectores del comportamiento que pudiera tomar para la discriminación de las diversas perspectivas que desde lo cursi se ofrecen, ninguna mejor que el lenguaje. De ahí que sean las palabras bien cultivadas las que rijan nuestro comportamiento permitiendo el buen entendimiento si se saben manejar de manera correcta. De lo contrario resultarán tan confusas respecto del sentido de lo que se quiere decir, haciendo bueno lo conocido de al buen entendedor, pocas palabras bastan.

Esa es la máxima cuando una autoridad como la señora ministra de Trabajo hace juego de palabras ostentando el cargo público de responsabilidad manifiesta que luce y es cuando uno se pregunta: ¿Cómo justifica la vicepresidenta su apología sobre una consigna política que ha causado cien millones de muertos? Que alguien me lo explique.

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