Nadie pone en duda que uno de los objetivos del Gobierno de Frente Popular, presidido por Pedro Sánchez, consiste en adueñarse del Poder Judicial, cuarteando un cimiento sustancial sobre el que se asienta la democracia pluralista plena. La renovación del CGPJ era la gran ocasión, preferida del esfuerzo podemita, por situar jueces de su ideología en los centros neurálgicos de la organización judicial. En las naciones iberoamericanas, seguidoras de la dictadura castrista, se ha visto clara la inteligencia comunista al asaltar el poder judicial.
Liberales, conservadores y socialistas se equivocaron al permitir que la Constitución Española de 1978 amparara de alguna forma a los partidos políticos en la tentación de condicionar el poder de los jueces. Y en eso se ha escudado Pedro Sánchez para denigrar a Pablo Casado, acusándole de anticonstitucionalista al resistirse a los nombramientos judiciales propuestos por el Frente Popular. Pero es un hecho objetivo, como ha afirmado Eugenio López, que “el PP tiene el apoyo de la mayoría de la carrera judicial”. De la mayoría de la carrera judicial y también de los principales países de la Unión Europea. La división de poderes, como la libertad de expresión, forman parte de los cimientos sobre los que se eleva el entero edificio democrático.
Pablo Casado aspira a reformar el CGPJ y también el nombramiento del Fiscal General, de forma que se garantice en la mayor medida posible la independencia de los jueces. Pedro Sánchez tiene un compromiso con sus aliados podemitas, secesionistas, filoterroristas, comunistas y de extrema izquierda, los cuales forman la procaz mayoría parlamentaria que le permite continuar sentado sobre la silla curul monclovita. Son muchos, y de forma especial los propios jueces, los que quieren que resista, que no ceda, impidiendo una deriva que terminaría fragilizando la independencia judicial y la estabilidad democrática. No estamos ante una irregularidad institucional, estamos ante la lucidez de un político responsable que pelea bravamente por impedir algo que significaría la quiebra de la Constitución de 1978.