Martes 16 de septiembre de 2008
… que posibilitan la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado? Depende. Suelen ser gratis los que provienen del partido que sustenta al Gobierno. Si éstos no bastan, ha de recurrirse a votos prestados y los partidos que prestan tales votos suelen hacerlo cobrando onerosos peajes. En España, el PSOE no cuenta con mayoría absoluta, por lo que necesita el concurso de otras formaciones políticas, si quiere sacar adelante determinadas leyes -y la de Presupuestos es posiblemente la más importante del curso parlamentario. No en vano, de ella proviene imprescindible soporte financiero en el que descansarán las líneas de actuación política que cada gobierno diseña. Son habituales, por tanto, las declaraciones de las distintas formaciones que se saben necesarias para que haya presupuestos a final de año, haciéndose valer.
No ha sido éste el caso del PNV, quien se ha apresurado a ofrecerse a Zapatero. A pocos ha extrañado tal ofrecimiento. Sobre el papel, la lejanía entre el PSOE y los nacionalistas vascos debería ser palmaria en la actual coyuntura, toda vez que el Tribunal Constitucional, a instancias del recurso presentado por el Abogado del Estado, decidió pon unanimidad tumbar la consulta secesionista del lehendakari Ibarreche. Además, ahora los nacionalistas “de moda” son los catalanes, PSC incluido –éstos, si cabe, igual o más radicales en sus demandas que el resto-. ¿Entonces? Pues, pragmatismo. El PNV sabe que su concurso será necesario porque en Cataluña gobierna el tripartito y CIU será esta vez un interlocutor menos cordial que de costumbre. Y sabe igualmente que Zapatero suele ser bastante receptivo a las demandas nacionalistas. Es un precio que él mismo ha disparado al concertar una alianza estructural con los nacionalistas, como fórmula para marginar al PP del sistema político. Durante la primera legislatura de Aznar, se le criticó por pactar con PNV y CIU. Pero, lo cierto, es que eran otros tiempos. Aznar trabajaba con red: la que le prestaba la sociedad constituyente entre los dos grandes partidos, en cuanto que los partidos nacionalistas sabían que sus presiones tenían un muro impenetrable en el consenso constitucional entre ambos partidos en relación a la estructura territorial del Estado. Hoy todo vale porque la imposición por Zapatero de un Estatut de partido –léase no consensuado- ha abierto una subasta autonomista difícil de controlar. Los partidos nacionalistas, que lo saben, se han hecho soberanistas y extreman sus reivindicaciones. Desde su punto de vista, tienen razón pero, por esa misma razón, su apoyo se ha encarecido; en suma, sus votos ahora cuestan mucho más. Cuánto más -y a qué se destinarán los dineros de una España en crisis- lo veremos en los Presupuestos. El problema es que, creciendo más del 3%, las cuentas cuadraban. Ahora, con la recesión, la tensión política se incrementa, en la misma medida que mengua la bolsa. Al señor Zapatero -que tanto ridiculizaba la desmedida afirmación de que España se rompía- se le ha roto la caja precisamente cuando mayores son las demandas.
TEMAS RELACIONADOS: