Opinión

Merece la pena la crisis, porque la culpa es de Bush

José Antonio Sentís | Martes 16 de septiembre de 2008
El enorme alivio que ha inundado a los social-populistas españoles de Zapatero al saber que la culpa de la crisis era de Bush, que debe ser el padre de los hermanos Lehman, me ha parecido enternecedor.

Por un momento, he pensado que si Estados Unidos era responsable de los problemas económicos mundiales, tal vez lo fuera también de la etapa de prosperidad por la que tantas medallas se colgó Solbes. Pero he desechado rápidamente ese pensamiento por injusto con nuestro Gobierno. En España, todo se ha hecho bien, incluso somos capaces de intensificar la profundidad de la crisis para demostrar nuestra radical independencia del imperio.

Bien, ahora que ya sabemos quién es el responsable de este desaguisado mundial, es preciso señalar también a los culpables interiores. Yo creo que Aznar tiene todas las papeletas. De hecho, creo que le han sorprendido en una foto abrazando a los tres hermanos Lehman (bueno, a sus sucesores). Incluso se sospecha que hace abdominales para tener hijos naturales, o algo así. Quizá hubieran podido ser también los nacionalistas vascos, competidores en las próximas elecciones autonómicas de los socialistas, pero no conviene irritarles demasiado, porque sus votos son necesarios para sacar adelante los Presupuestos y ya están bastante mosqueados con la frustración del Plan Ibarreche y la ilegalización de su socio proetarra ANV.

La otra parte de la culpa de los problemas españoles la tiene la inmigración, como sostiene el nuevo ministro de Trabajo, Celestino Corbacho. Por eso hay que cortar el grifo de inmigrantes, el que abrió el defenestrado Caldera, que era otro agente encubierto del PP.

Y como eso era difícil de explicar, Mariano Rajoy ha acudido de forma inefable para completar el discurso que necesitaba el Gobierno. Resulta así que los que van a poner trabas a la inmigración son ahora los socialistas, pero el que aparecerá como xenófobo será el PP. Así se las ponían a Fernando VII.

Hay otros responsables, pues nunca lo será el Gobierno, que no está para esas tonterías de la gestión, cuando tantas Alianzas civilizatorias tiene aún que descubrir, tantas Memorias históricas tiene que desentrañar y tanta igualdad tiene que fomentar.
Gracias pues, a Bush, por ser el autor del pecado original, por haberse comido la manzana, por haber matado a Manolete. Así queda exonerado el Gobierno Zapatero, angélico en su despiste universal sobre los acontecimientos, inmerso en un proceso de sucesión en el área económica con el ministro Sebastián esperando el momento de apuntillar a Solbes, con la vicepresidencia política harta de ser la conciencia incómoda de Zapatero, y con éste tocando la lira mientras el paro se despliega a sus pies como el fuego en el bosque.

¡No más sangre por Wall Street!

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