Editorial

La última promesa incumplida de Pedro Sánchez

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Sábado 02 de octubre de 2021

Nada más bajar del Falcon, después de haberse enroscado en la hamaca de La Mareta mientras los talibanes recuperaban el poder en Afganistán y mientras en España el precio de la energía se disparaba y batía los récords de la Historia cada dos días, Pedro Sánchez prometió que iba a conseguir que en este septiembre la factura de la luz sería igual que en 2018. La diferencia, sin embargo, es que hace 3 años el megavatio hora ascendía a 71 euros y este último mes, ha alcanzado los 200. El presidente del Gobierno, con su habitual solemnidad y con premeditado engaño, se comprometió a recortar drásticamente la factura. Y ha vuelto a incumplir una promesa.

Tras el fiasco del último eslogan falso del presidente, la ministra de Transición Ecológica se ha visto obligada a abrir precipitadamente el pertinente plazo de consulta pública previo a la modificación del llamado Precio Voluntario al Pequeño Consumidor conocido como tarifa regulada de la luz. El PVPC es un precio único para todo el territorio español que es de aplicación a los suministros de energía eléctrica que cumplen con los requisitos para poder acogerse a él y que afecta a casi 11 millones de familias.

El Ministerio, así, trabaja precipitadamente para que Pedro Sánchez no quede en ridículo por prometer lo que ya se sabía que era imposible. Tal vez, a trancas y barrancas, con un buen hachazo a las eléctricas y alguna que otra maniobra de Sánchez, se recorte sustancialmente la factura de la luz. Ese día, el presidente convocará una rueda de Prensa institucional en el Palacio de La Moncloa para anunciar que, él, el gran líder, ha conseguido lo que se comprometió a cumplir para “no dejar a nadie atrás.” Pero nunca reconocerá que, en agosto aseguró que la factura de septiembre de 2018 sería calcada a la de 2021, cuando la diferencia va de 71 euros megavatio hora frente a 200. Casi el triple. Otra mentira, otra promesa incumplida de Sánchez que nadie le recordará. Y si Casado, por ejemplo, lo hace durante una sesión de control al Gobierno, le acusará de provocar crispación.