Opinión

La ilegalización de ANV

Miércoles 17 de septiembre de 2008
Si la semana pasada era el Tribunal Constitucional quien adoptaba una resolución por unanimidad –la que liquidaba de facto la consulta soberanista de Ibarreche-, esta vez ha sido el Supremo quien, también por unanimidad, se ha pronunciado sobre un asunto de trasfondo vasco. Hay ocasiones en que la Justicia no hace sino adherirse a un clamor popular, dando pátina de legitimidad a un hecho palmario y sabido por todos: que ANV era el brazo político de ETA saltaba a la vista. No hacía falta ser muy ducho en leyes para darse cuenta de ello. Los voceros de la banda terrorista tienen unas señas de identidad claras y definidas, llámense HB, EH o como quiera que gusten autodenominarse.


En su momento, el Gobierno de Zapatero pudo actuar para evitar que tales sujetos se colasen en las instituciones. Pero no lo hizo. El Abogado del Estado únicamente instó a actuar contra 135 de las listas electorales presentadas pero nada dijo del resto de candidaturas que, ante la no impugnación, salieron adelante. Como resultado, 337 sujetos en Euskadi y 93 en Navarra pudieron recoger su acta de concejal sin condenar la violencia. Hoy es día de regocijarse porque la Justicia –esta vez sí- haya actuado. Pero no por ello debe olvidarse que, en ocasiones, la política también puede desempeñar su papel. Y lo cierto es que la excesiva lenidad a la hora de llamar a las cosas por su nombre hizo que durante todo este tiempo hayamos tenido que aguantar a los secuaces de ETA campando por ayuntamientos y diputaciones, cobrando del erario público y mancillando la memoria de las víctimas.


Al Gobierno Vasco no le ha gustado esta resolución. “No acerca a la paz” y “uso espurio de la ley” son dos de las perlas que ha dejado en su intervención pública su portavoz, Miren Azkárate. Poco que añadir. Cuando se detiene a un delincuente, la gente de bien se felicita porque, a buen recaudo, el tipo en cuestión dejará de delinquir. ETA y su entorno son eso, vulgares delincuentes que extorsionan y matan con el nacionalismo como telón de fondo. Ese nacionalismo que lamenta que se detenga a sus “hijos pródigos” y que utiliza calificativos como “espurio” para referirse, no ya a los terroristas, sino a quienes nos protegen de ellos. A ciertas formaciones políticas españolas, como el PNV, no les iría mal una buena dosis de dignidad.

TEMAS RELACIONADOS: