Como una fan despechada tras el autógrafo de Julio Iglesias, Pedro Sánchez hizo el ridículo al perseguir al presidente de los Estados Unidos Joe Biden por insólitos pasillos. Una sonora carcajada mundial acompañó al jefe del Gobierno español para vergüenza de nuestra nación que enrojeció ante semejante vejación.
Joe Biden ha demostrado ser un presidente melifluo e incompetente, encaramado en la Casa Blanca por el voto hostil contra Trump. Imposible olvidar lo que ha hecho en Afganistán. Cuando España abdicó de su imperio tras la batalla de Rocroi, el duque de Enghien, vencedor y caballero, hizo desfilar a lo que quedaba del Ejército español a banderas desplegadas, asombrado ante el valor de nuestros soldados. La retirada de Afganistán del Imperio estadounidense fue una indecencia que avergonzará a las futuras generaciones de norteamericanos cuando repasen la historia.
Pero, aunque Joe Biden sea melifluo y débil, a pesar de contar en España con bases militares de las que no puede prescindir, rechaza de plano la alianza de Pedro Sánchez con los comunistas y la extrema izquierda. Terminará por recibirle porque España es un aliado militarmente de gran importancia, pero tras dejar claro que Estados Unidos no está de acuerdo con la alianza con un partido que niega las libertades, el Estado democrático y los derechos humanos. Pedro Sánchez, en fin, camina bajo el peso del fardo de comunistas, podemitas, proterroristas y separatistas. Y hasta que no se desembarace de esa pesada carga, las democracias pluralistas plenas del mundo occidental le mirarán con recelo. La Cuba de Castro, la Venezuela de Maduro, el Perú de Castillo son ejemplos de lo que no quieren los Estados Unidos de América. Y solo faltaría que se aplauda a un Gobierno que pretende aproximarse a la Cuba castrista o a la Venezuela de Maduro.