Opinión

Misiones y estructuras europeas

TRIBUNA

Juan Carlos Barros | Lunes 11 de octubre de 2021

¿Las estructuras de organización de la innovación en la política de investigación y desarrollo (ID) de la Unión Europea deben ellas, armónicamente a su vez, ser innovadoras también? Y si con la ID se pretendiere, además, transformar la sociedad, ¿cómo cuadrará ello con la misión de las instituciones europeas, aunque se llevare a cabo implicando a los ciudadanos, titulares últimos del poder social?

Si resulta que sí puede haber tal innovación estructural porque así está previsto en el titulo correspondiente a la ID del Tratado, ello es, a la vez, revelador de la “Id” (el ello o identidad) de la organización como una innovación internacional. Y nosotros nos preguntamos a continuación, pese a ello, cómo se puede aplicar un titulo independientemente del preámbulo y del resto de los artículos si puede afectar a la estructura y al equilibrio funcional institucional, así como a la misión encomendada a la Unión.

Para responder a esta cuestión fundamental habría que empezar por considerar que por ID no entendemos solo la investigación y el desarrollo tecnológico, sino también la “Id”, la parte instintiva y ancestral, la identidad de la persona de la Unión como organización integrada por miembros soberanos que han cedido en parte sus competencias como estados y que comparten unos valores humanos.

Con respecto a tal aspecto la Comisión acaba de presentar una nueva estructura que ha llamado, precisamente, “misión”, destinada a implementar durante el periodo 2021-2027 el programa Europe Horizon. No obstante, que la Comisión se proponga innovar por medio de una “misión” suena más a reiteración, aunque disponga de ese poder otorgado por el Tratado al establecer un mercado para la ID, ya que según el artículo 187º la Unión puede crear “empresas comunes o cualquier otra estructura que se considere necesaria para la correcta ejecución de los programas de investigación, desarrollo tecnológico y demostración”.

Y, además, hay que considerar que la ID en la Unión con ello, aunque sin el ello o Id, aspira a transformar Europa en un continente más verde, más sano, más incluyente y resiliente porque la “misión” representa una nueva solución para tan gigantescos desafíos que obtendrá el resultado deseado y dará a la ID un nuevo rol combinando formas innovadoras de gobernanza y colaboración. De ese modo cada “misión” supondrá un esfuerzo coordinado de recursos y contará con actores tanto públicos como privados, yendo unida al propósito de lograr un impacto real y duradero, al mismo tiempo involucrando a los ciudadanos por medio de amplias consultas para estimular la respuesta social.

No obstante lo cual, en cuanto a la operatividad, la “misión” se constituirá como una cartera de acciones, incluyendo acumulativamente proyectos de investigación, medidas políticas y hasta iniciativas legislativas, las cuales aparecen simplemente como un elemento más en el deseo de alcanzar un objetivo mensurable, pero inalcanzable para la acción individual.

Ahora bien, dado que aún está por ver la idoneidad de la “misión” en su aplicación real, como ayuda para adoptar un enfoque de equilibrio y efectividad en misión tan fenomenal, lo mejor es recurrir al ejemplo literario del bálsamo de Fier-à-bras (ese descomunal caballero sarraceno, derrotado por el paladín Oliveros en combate singular y convertido después en un cristiano más).

De esa manera, si la Unión en algún desafío de esos que suele ella normalmente afrontar, quedare partida en dos o incluso en algún trozo menor, “bonitamente la parte del cuerpo que hubiere caído en el suelo, y con mucha sotileza, antes que la sangre se yele la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla, advirtiendo de encajallo igualmente y al justo,” tras lo cual solo restará tomar dos tragos del bálsamo y sanar.