A propósito del 12 de octubre en el México real. Siempre desde la conquista de Tenochtitlan, hubo resistencia a la dominación española conviviente con su aceptación, manifestándose tal de múltiples formas: a veces militar, a veces cultural –desde preservar lenguas indígenas (se cuentan 68 vigentes) hasta mantener usos y costumbres– y acaso en sincretismo que advierte no renunciar a cierto uso o, adaptándolo, evitando su pérdida definitiva. Sumemos siglos conviviendo aquí gente de origen europeo y nativos, mezclados, creando mestizaje. Por doquier brinca esa diversidad y me es de lo más natural, incluidas la protesta indígena y la reivindicación hispánica y viceversa.
Ahora bien, el Día de la Raza ha evolucionado en todo el mundo desde que tengo memoria. Antes era feriado y ya no lo es. Pasamos de Don Cristóbal Colón como lo aludían cuando estudiaba servidorito la primaria, a Colón a secas. Representábamos el descubrimiento colombino. A mí me tocó ser Fernando el Católico, figúrese. El 12 de octubre se ha desdibujado, entre el rechazo a Colón, ninguneos o simplemente y esto lo remarco, por eliminar fechas de asueto del calendario. Jamás he visto izar la existente bandera de la Hispanidad, de 1932.
Desde 1992 por lo menos, en México cada año hay marchas indigenistas protestando en CDMX frente al monumento de Colón, colocado desde 1877 en su glorieta sobre el Paseo de la Reforma. Pintas y discursos encendidos quedaban en eso. Un indigenismo que siempre ha existido, no siempre contando con altavoces. En 2020 la jefa de gobierno capitalina Sheinbaum ordenó removerlo para una merecida restauración a fondo. En agosto pasado anunció que no retornaría a su sitio, para trasladar la afamada estatua al Parque de las Américas. Fue una remoción sin derribo. Sí cobarde, porque no era la supuesta intención original. Un parque frondoso mas de dimensiones pequeñas, la camuflajeará. La reemplazará en Reforma la mujer de Amajac y no la cabeza olmeca parecida a mexica.
Se lo cuento por el extraviado discurso de Inés Díaz Ayuso en EE.UU., que buscando temas distractores, en su populismo ramplón –recuerde que sí lo hay de derechas (y ella es un monumento a él)– y en aras de ganar la presidencia del gobierno azuzando espantajos –aunque en su cara le diga a Casado que no la busca– lanza una tamaña gracejada: “el indigenismo es el nuevo comunismo”, acusando al mandatario mexicano de enarbolarlo, dejándome ojiplático al derrochar enorme ignorancia, torpeza y oportunismo barato. Habla de un tema que ignora y eso es deplorable. Su intentona subiéndose al asunto como bandera electoral de largo aliento, se nota. ¿O no puede con el encargo de presidente de la Comunidad de Madrid y lo requiere? No sería raro. Después de todo jugarle a paladín de la Hispanidad casi siempre paga si no se hace el ridículo, como es el caso. Precisa reconvenirle su muy absurda expresión, enmendándole la plana.
Acaso jamás se haya topado con el indigenismo o crea que el diálogo España-América solo incluye aplauso exento de reflexión y aquel le disgusta por reclamante, ya no digamos que quiera diálogo sin crítica donde quepa y descubra que a ella no le han contado toda la historia del Imperio español y por eso yerra clasificándolo, disgustándole topárselo. No sería extraño. Ayuso únicamente compromete así para mal el nombre de España refiriendo lo que desconoce o repite de oídas. No, esta vez en el tema indigenismo ha patinado y feo. No tuvo la respuesta acertada para todo, como acostumbra, conservando cada cabello en su sitio. No. Ha hecho el papelón de su vida. La frase la dijo en su conferencia de prensa al llegar a EE.UU. sin documentarse. Ignora que allí los anglosajones antes que los hispanos o indigenistas, derribaron las estatuas de Colón y de Junípero Serra, sobrando que Ayuso diera lecciones de nada a los hispanos. Haber ido a reunirse con congresistas hispanos denunciando como clama a su leal saber y entender el “nuevo comunismo” esperando no sé qué (¿que actuaran contra países que cuestionen a España o a Colón?) fue su tomadura de pelo. Equivale a que políticos mexicanos denunciaran en el Parlamento Europeo las corridas de toros en España o La Tomatina. Claro, sin sentido alguno. Así, Ayuso. Lástima. Y para ser ella o Vox dique del indigenismo crítico de la Historia, están muy verdes.
La ignorancia de Ayuso sobre el modelo estadounidense, chírria y es notoria. Debería de saber que los estadounidenses hispanos son mayoritariamente, de origen mexicano. Conocen su origen y aquel otro español, de pasada, lejano. Punto. Sí, los cubanos son más cercanos y son menos. Y si pretende obtener de todos ellos que hagan algo, pierde su tiempo, y carecen de los votos en el Congreso. Por Colón no sostendrán ninguna política injerencista contra ningún país o se les mandará al Diablo llegado el caso. Va mal la del PP.
Con motivo del 12 de octubre, Biden ignoró a España, elogió a Italia y a Colón. Al mejor estilo anglosajón de siempre acerca del tema, debido a la Leyenda Negra. ¿A Ayuso no le sonó lo de Columbus Day? Y la vice Harris ha dicho: “Europeos devastaron pueblos nativos; es un pasado vergonzoso” ¿Les reclamará Ayuso en el mismo tono que se refirió al presidente mexicano? Desde luego que no. Un borracho no come fuego. Ella, Aznar, Pérez-Reverte o Vox. Tanto monta. Eso para los que chistaron de que López Obrador solicitara disculpas al rey Felipe VI y no a Trump. Ahí cabe acotar: es que con Trump y con los yanquis, México habla de otros temas y con frontera común hay una historia bien distinta que con España. Es que para hablar por hablar…. Eso sí, ha sido jocoso oír al subalterno de Ayuso por Youtube, Toni Cantó, decir que los conquistadores españoles del siglo XVI debieron de ser supermanes. Cuán extraviado. ¿Y es el encargado de promover esa cosa extraña de “Madrid como capital del español en Europa”? ¿será que ese sitio se lo disputan Aquisgrán o Lovaina? Por eso no extraña oír lo que le oímos a la señora Ayuso. Sonrojan y son una vergüenza. Merece decirse.
Las socarronas palabras de Aznar en el congreso del PP aludiendo al tema de la Conquista de América, eludiendo guardar silencio, mostraron un paupérrimo nivel mofándose del mandatario mexicano, ridiculizándose a sí mismo. Hasta eso, felicitó el bicentenario de la independencia mexicana. Bien, ahí. Replicando que no pedía disculpas (que nadie le ha pedido), se dijo orgulloso de la historia de España, pese a mostrar tanta ignorancia sobre su pasado imperial de luces y sombras, que es historia común con América, que no lo olvide nadie. Supongo que su orgullo incluye la foto de la Azores, la mentira que sostuvo sobre armas de destrucción masiva, el atentado de Atocha propinado sin nada bueno a cambio, por su irresponsabilidad comprando pleito ajeno y sus 8 años de gobierno. Todo ello también engrosa esa historia de España. El líder de Morena, partido de López Obrador, Mario Delgado, tuiteó: “Si no pidió perdón al pueblo español por la corrupción y su mal gobierno, no podemos esperar nada de él…”. Suscribo, ya que opinó Aznar, yo que me formé en la fila de dolientes a firmar y firmé, el libro de condolencias abierto en la embajada de España en la Ciudad de México a raíz del artero crimen en Atocha de 2004. Es que mexicanos y españoles sabemos hacer una piña sin contarnos cuentos ni malviajarnos, pirándonos, ya que es una relación más importante que los politicastros de turno de toda laya. Y el tema polémico demuestra que todas las voces valen, pues no es unidireccional. Y por polémico que sea el asunto, no se trata de que nadie insulte al país del otro. Aprendamos a ver la Historia con objetividad.
Empero, Vox alza la voz y clama por gestiones diplomáticas para obligar a que México adecente la tumba de Cortés. ¿Perdona? ¿obligar? Menudo disparate. ¿Querrá Vox un Valle de los Caídos, que le mola más o rellenar la fosa desalojada allí de 2019? Se quedará con las ganas, no cabe la menor duda. Aquella está en perfectas condiciones, sitio digno para el conquistador, decorosamente sepultado en el templo junto al hospital que fundara y sigue activo y yace en tierras hoy mexicanas, que fue lo que pidió. Lo demás ya es alarde y capricho. Para caprichitos….Tonterías vanas con el sello Vox que a nadie sensato sobrecogen al otro lado del Charco. La petición no amerita ni atenderse. En México también se sabe poner oídos sordos a necedades. Ya se sabe, quisicosas de la Historia, herencia compartida. Tablas, dicen en el ajedrez. Es cuánto.