Como se suele decir ahora, en una frase que no me gusta mucho, “no se equivoquen”, Pedro Sánchez no es socialdemócrata. Por más que insista últimamente en la idea de que el PSOE es la socialdemocracia y él, por tanto, es socialdemócrata, lo cierto es que lo hechos demuestran, una vez más, lo contrario de lo que el presidente del Gobierno afirma.
Ya sabemos que, escarmentados como estamos, no podemos dar credibilidad a nada de lo que nos intente “vender” el jefe del Ejecutivo de coalición porque la realidad es tozuda y tiene la mala costumbre de evidenciar siempre lo contrario de lo que el presidente nos anuncia. Es verdad, hay veces que no. Cuando nos dijo que indultaría a los presos del procés nadie pensaba, ni una mayoría notable de socialistas, que fuera capaz. Y lo hizo. El problema es que cuando no era presidente del Gobierno decía una cosa muy distinta.
Pero ya saben todos los que siguen la actualidad política que hay una lista muy larga de promesas incumplidas, de embustes y falsedades que han marcado y marcarán la carrera política del presidente del Gobierno. Pasará a la Historia como el presidente más mentiroso y así aparecerá en los libros que no estén sufragados y auspiciados por el partido socialista.
La verdad es que se encarga él mismo de que estas mentiras no parezcan tan importantes -la estrategia es tremendamente efectiva por endemoniada- al sobreponer cada día una falacia más gorda a la anterior hasta que las primeras se olvidan o se dan por buenas porque ya no parecen tan gordas al irse superando cada día. En cualquier caso, solo hay que repasar las hemerotecas para ver, leer y escuchar lo que se ha dicho y lo que se hace.
Así, pretende hacer creer hoy que es socialdemócrata cuando la realidad es que preside un Gobierno comunista y populista con tendencia al nacionalismo radical. Todos recordamos que dijo que nunca haría eso. Pero qué importan las promesas si ya le han votado. Ahora, además, necesita esos acuerdos para estar en el Gobierno, ¿verdad?
El caso es que Sánchez habló mucho durante el Congreso del PSOE de socialdemocracia. Quizá para arrimar su sardina a las ascuas del reciente éxito de la socialdemocracia en Alemania. Habló mucho de los regalos en forma de bonos que promete para que le voten, habló de feminismo, del PP (mal, claro), de la ultraderecha, pero habló muy poco o nada de ETA y sus víctimas, de Venezuela, del ‘pollo’ Carvajal y de la ausencia de, hasta hace dos días, algunos pesos pesados de su Gobierno.
Es muy probable también que hablara de socialdemocracia como estrategia política para hacer frente a su principal rival en su acera idológica. Una mujer, que manda mucho en su Gobierno y que aplica medidas contrarias a lo que dicta la, me repito, socialdemocracia. Si este 40 Congreso del PSOE, sin debate alguno, ha servido para algo, ha sido para dejar claro que su primer obstáculo es su propio socio de coalición, Podemos, y en concreto, la que lo representa, Yolanda Díaz, aunque ella diga que es otra cosa y, por eso mismo, también se prepara su nuevo discurso.
Guerra en la izquierda, que ya está en campaña electoral (nadie lo duda), y por tanto, andanadas de promesas. El problema es que siempre son las mismas. ¿Todavía hay alguien que no reaccione y se revuelva cuando Sánchez dice que va a derogar la reforma laboral? ¿Cuánto tiempo va a estar estirando ese chicle? Si nadie se da por aludido, si nadie piensa que le están tomando el pelo, si nadie que le haya votado antes se siente engañado, Sánchez seguirá prometiendo lo mismo y diciendo que es socialdemócrata.
Por ello, Sánchez no es socialdemócrata. Sánchez es ‘sanchista’, es decir, un día dice una cosa y al siguiente hace la contraria, siempre en interés de sus réditos y ganancias. Así, es capaz de criticar a Arnaldo Otegui, exigirle que pida perdón por los asesinatos de ETA, que condene los homenajes a etarras y la semana siguiente sentarse con él para pedirle que le apoye los Presupuestos Generales del Estado.
Y entre medias hará lo propio con los que se quieren separar de España. Les dará lo que pidan con tal de asegurarse la mayoría y sacar adelante las cuentas para 2022. No sé si eso es la socialdemocracia, pero Sánchez lo seguirá haciendo mientras le funcione.