Este domingo la Iglesia celebra y nos convoca para el DOMUND , una jornada en la que se promueve el espíritu misionero y, como no podía ser de otra manera, el Papa es “el mejor misionero”. FRANCISCO, lo es, como todos sus antecesores, desde que PIO XI publicó en febrero de 1926, la Encíclica Rerum Ecclesiae, en la que reafirmó la importancia y urgencia de los objetivos misioneros programados al principio de su pontificado y manifestó su resolución de acortar las etapas para su realización. "La Iglesia –afirmaba PIO XI en esta encíclica- no tiene otra razón de ser sino la de hacer partícipes a todos los hombres de la redención salvadora, dilatando por todo el mundo el reino de Cristo". Así, el 14 de abril del mismo año, el Cardenal Vicco, Prefecto de la entonces llamada Sagrada Congregación de Ritos, firmó el acta fundacional del Domingo Mundial de las Misiones.
Y FRANCISCO, como decíamos, es el mejor misionero, el primero. Su ejemplo es constante con sus viajes y discursos, pero sobre todo con su forma de ser, con la que trata de llegar a nuestros corazones y hacer misión con sus acciones.
Así, el pasado miércoles, volvió a darnos uno de esos ejemplos, cuando un niño autista, Paolo, se acercó hasta él, durante la audiencia general, porque quería el solideo del Papa. FRANCISCO entregó al niño el solideo. Una acción misionera que no ha tenido que hacerse en una geografía lejana, en lo que llamamos comúnmente “tierra de misión”, porque los niños discapacitados deben ser también protagonistas en este domingo. Por eso el Papa nos decía: "Me he acordado de lo que decía Jesús sobre la espontaneidad y la libertad de los niños, cuando este niño tuvo la libertad de acercarse, de moverse como si estuviera en su casa. Y Jesús nos dice que también nosotros, si no actuamos como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos: valor para acercarse al Señor, para estar abiertos al Señor, para no tener miedo del Señor”.
Una nueva lección de FRANCISCO, el mejor misionero.