Norberto Alcover | Miércoles 17 de septiembre de 2008
Dos jesuitas reunidos para charlar sobre la juventud y todavía más sobre la Iglesia y la sociedad en la que está inserta. El que pregunta es un tal Georg Sporschill, creador de comunidades entre los marginales de Rumanía y Moldavia, y quien responde, responde al nombre de Carlos María Martini, cardenal, escritorista, durante largos años arzobispo de Milán, conocido candidato en el momento de suceder a Juan Pablo II, profeta eclesial en este arranque del siglo XXI, y ahora retirado en Jerusalén y a días en Roma por mor de un Parkinson creciente. Su conversación aparece reunida en un pequeño volumen que lleva por título Coloquios nocturnos en Jerusalén, en bella edición de la Editorial San Pablo, siempre pionera en literatura religiosa.
Desde el comienzo, Martini se confiesa un ante-Papa, es decir, un cardenal que, por fidelidad, abre caminos al Sucesor de Pedro y, de esta manera, carga con el gravamen de las contradicciones consecuentes. Y en este sentido, Martini recoge a la perfección lo que constituye el mejor espíritu ignaciano: en todo servir al que es Pontífice máximo de la Iglesia en espíritu de abnegación y valentía. Aceptando de antemano las adversidades, precisamente para evitárselas a él y a la misma Iglesia. Es lo que ha hecho tantas veces Carlo M. Martini, y por ello mismo ha recibido tantas censuras y críticas desde los sectores más inmovilistas sociales y eclesiales. Esos sectores que renuncian a caminar lo desconocido tan solo por falta delirante de una fe ciega en Dios. Ya lo decía, por haberlo experimentado, el también profético Tehilard de Chardin, explícito referente para nuestro cardenal.
Y en fin, las palabras de un servidor inteligente y fiel que sabe en qué momento de su vida se encuentra desde ya: camino de la eternidad. Un libro de obligada lectura para creyente y no menos para increyentes.
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