Como han especificado las dos periodistas, Pedro Sánchez estaba con el agua al cuello. Ha superado la primera votación aplastando las enmiendas a la totalidad. Pero el calvario presidencial no ha terminado. La voracidad de sus socios carece de límites. Continuarán comiéndose a mordiscos la tarta de los Presupuestos. Humillado, de rodillas, genuflexo ante unos partidos crecidos y desafiantes, el presidente del Gobierno se tragará todos los sapos necesarios para que los Presupuestos salgan adelante en el Congreso de los Diputados y se consolide su vacilante permanencia en Moncloa.
De forma especial Esquerra Republicana de Cataluña le exige a Pedro Sánchez incluso la implantación del catalán en las plataformas audiovisuales, además de copiosas concesiones económicas. Pedro Sánchez paga y calla; dice que sí a todo, y calla. Lo importante es conservar el poder, aunque la reacción de los electores le releguen en las encuestas muy por detrás del PP de Pablo Casado. Pero quedan dos años para las elecciones generales y el César sanchista intentará urdir fórmulas que le devuelvan las papeletas en las urnas.
Sí, Pedro Sánchez ha salvado las cuentas bajo el yugo de sus socios. Y ese yugo cada día se hace más pesado y evidente ante una opinión pública avergonzada y atónita.