La posible futura primera ministra
Jueves 18 de septiembre de 2008
La recién elegida líder, Tipi Livni, del partido gobernante en Israel, Kadima, es una pragmática que ha sabido readaptar sus raíces nacionalistas en pro de una paz factible con los palestinos. La hasta ahora Ministra de Exteriores ha sido la protagonista de los últimos acuerdos y diáologo con los palestinos y la milicia libanesa Hizbulá en los últimos meses.
Hija de Eitán Livni -comandante del Irgún, grupo independentista que practicó la lucha armada y en la que también militaba su madre-, la jefa de la diplomacia israelí nació y creció en el seno de una familia impregnada de ideología ultranacionalista del "Gran Israel". Participó en el gobierno anterior juento a Ariel Sharon, quien la convenció de que se adheriera al nuevo partido que creó Sharon, el Kadima.
La corriente del grupo independentista intentaba crear un Estado Judío en todo el Mandato Británico de Palestina anteriormente a 1949, fecha de la creación del Estado de Israel. Su creación fue el vértice del sionismo revisionista de Zeev Jabotinsky y que asimismo incluía los territorios palestinos.
Hoy, de boca de Livni no es extraño escuchar palabras como "retirada de Judea y Samaria (Cisjordania)" y no descarta tampoco la devolución de algunas partes de Jerusalén, que ella considera el "corazón" de la identidad de "todo" el pueblo judío. Y es que lejos ha quedado aquella niña de Tel Aviv curtida en los campamentos del movimiento juvenil Betar, reserva de militantes revisionistas y de sus herederos políticos Herut y Likud, partido este último con el que entró al Parlamento por primera vez en 1999.
Recientemente, el secretario general de Betar, Dani Danón, la exhortó públicamente a volver al movimiento juvenil para "re-adoctrinamiento", a fin de volver a inculcarle los "valores e ideales" que guiaban sus pasos hasta hace unos pocos años.
El cambio se produjo en 2005, cuando como el resto de correligionarios que abandonaron el Likud para crear Kadima, se apercibió de la necesidad de "separar" a Israel de los palestinos y buscar una salida al conflicto en base a la solución de "dos estados para dos pueblos".
"Las negociaciones representan en primer lugar los intereses de Israel. No son un favor que nosotros les hacemos a los palestinos", dice Livni en una de sus últimas entrevistas. Detrás de ese cambio se escondían informes demográficos que alertaban de que en menos de tres décadas la población palestina superaría a la judía y que en menos tiempo aún sería imposible eludir la solución de un estado binacional.
Desde entonces, Livni abrió su puerta de par en par al actual primer ministro palestino, Salam Fayad, y después, desde el Ministerio de Exteriores, al que llegó en 2006, alentó el diálogo con la Autoridad Nacional Palestina (ANP) del presidente Mahmud Abás.
Tras la cumbre de Annapolis de 2007 en EEUU, Livni dirige el equipo israelí en las negociaciones de paz, lo que sin hacer de ella una paloma la convierte en más digerible que el duro de Shaul Mofaz -su mayor contrincante en las primarias- para los votantes de centro, e incluso de centro-izquierda, en unas legislativas anticipadas en caso de que el ganador de mañana no conserve la mayoría gubernamental.
Las aspiraciones políticas de Livni, que entró en la política en 1996, son un secreto a voces desde que su "padrino" y ex jefe de Gobierno israelí Ariel Sharón la nombró ministra en 2003, y la presentó a la prensa como "una futura primera ministra".
Israel ya ha tenido una jefa de gobierno en el pasado, Golda Meir (1969-1973), aunque más allá del hecho de ser mujer y de haber pasado las dos por el Ministerio de Exteriores, casi ningún paralelismo puede trazarse entre ellas, ni en el plano personal ni en el político.
De hecho, Livni, de 50 años, trata de huir de calificativos y descripciones que solían hacer de su predecesora -como "dama de hierro" y "el único hombre en el gobierno"-, tratando siempre de ofrecer la imagen de una mujer de su tiempo con las mismas aptitudes y aspiraciones que un hombre.
Casada y madre de dos hijos, la ministra de Exteriores juega también las cartas de paladín en la lucha contra la corrupción y de renovación institucional, de las que disfruta por su corta y meteórica carrera política.
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