Opinión

Salvar el planeta

TRIBUNA

Juan Carlos Barros | Martes 09 de noviembre de 2021

¿Es el multilateralismo la solución para acabar con la contaminación y salvar el planeta? Aunque en la ONU, su más amplia expresión, digan que si; según los compromisos a los que han llegado hasta ahora los estados que han acudido a Glasgow, lo que parece es que a corto plazo, no.

Y si no está en foros tan extensos la solución de la salvación habrá que buscar, a lo mejor, lo multilateral en otros más pequeños. Así que veamos, a tal efecto, un ejemplo que nos lo pueda ilustrar.

El tren de las 3.25 a.m. llegó a la estación de Lahore con destino a Benares y los viajeros que lo esperaban, medio dormidos como estaban a hora tan intempestiva, tuvieron que despabilar para buscar su lugar.

A un vagón de tercera intentaban subir un gurú y su discípulo Kim, que le ayudaba a buscar el río de la salvación. Los de dentro del compartimento al verlos llegar, aunque aquello estaba más lleno que el camarote de los hermanos Marx, sin embargo les hicieron sitio como pudieron y les invitaron a entrar.

Al cabo de un rato, después que hubo pasado el revisor para picar los billetes, que es una tarea que allí se ejecuta despacio, pues la gente se mete el billete en los sitios más raros, los viajeros sacaron los bocadillos y repartieron con los recién llegados.

A continuación, y sin más preámbulo, comenzó el siguiente diálogo ferroviario, multilateral y democrático, pero apretujado:

- “¿Qué ríos hay en Benares?” preguntó el gurú, dirigiéndose a la concurrencia en general.

- “Pues que ríos va a haber: el Ganges”, respondió, sorprendido, un agricultor punjabi.

- “¿Y qué otros más?”, replico el gurú.

- “¿Otros más que el Ganges?”, inquirió, también extrañada, una joven que llevaba los brazos llenos de alhajas.

- “Si, un río para la salvación”, aclaró el gurú.

- “Ese es el gran Ganges. Quien en él se baña queda limpio de pecado y va al cielo descuidado. Yo ya me he bañado tres veces”, dijo un banquero, interesado, que estaba allí sentado.

- “¿Y a quién hay que atribuir su creación?”, preguntó el gurú a continuación.

En el vagón ya no daban crédito y le miraron todos cada vez más pasmados ante tan inopinada cuestión.

- “A Dios, ¿a quién va a ser sino?”, respondió al unísono el vagón.

- “¿Y tú de qué fe eres?”, pregunto un sij, turbado, con su turbante azul.

- “Escuchad todo el cuento que os voy a contar -dijo el gurú- de la flecha que disparó Nuestro Señor, que formó un río donde cayó, el cual es el que busco yo.”

- “Aquí en El Punjab (el país de los cinco ríos) ponerse a buscar un río no es una cuestión menor”, apuntó la mujer del agricultor.

- “El último excelente que estuvo por aquí presente fue precisamente Alejandro el Grande, que pavimentó las calles de Jullundur y construyó una gran cisterna en Umballa, obras ambas que todavía perduran”, comentó un artesano, eruditamente.

- “Y tú, discípulo predilecto, tienes tu propia búsqueda que si no recuerdo mal, siendo occidental, es un toro como el que arrebató a Europa, la cual no sabemos adónde fue a parar” dijo el gurú.

- “Si, maestro, ese cuento me han contado, pero yo sigo igual de despistado en cuanto al resultado”, respondió Kim, que podía cambiar como por arte de magia de vestuario y hasta de identidad, y que aunque no lo pareciera era un sahib.

- “Puede que ese toro sepa donde está el río de la salvación y que ambos, a la vez, lo podamos alcanzar por igual”, dijo el gurú al final.