Copiosas facturas políticas y económicas está pagando Pedro Sánchez a Esquerra Republicana de Cataluña por su apoyo inicial a los Presupuestos Generales del Estado. Con el dinero de todos, con los impuestos con que se sangra hasta la hemorragia a los españoles, Pedro Sánchez se está asegurando la permanencia en Moncloa hasta que se extinga la legislatura.
Hoy hemos sabido que el Gobierno derramará 20 millones de euros más sobre Cataluña con el objetivo evanescente de potenciar sus instituciones culturales. El despilfarro de esos veinte millones recae sobre el ministerio de Cultura de Miguel Iceta, 17,5 millones, y sobre el ministerio de Ciencia, 2.5 millones. No son el ministro y la ministra los responsables del nuevo despilfarro. La responsabilidad recae íntegramente sobre Pedro Sánchez y su negociación con Esquerra Republicana de Cataluña.
Ada Colau, la feroz lideresa independentista, decidirá a qué entidades, a qué centros culturales se destinará el dinero con el que Pedro Sánchez compró los escaños de ERC. No hay que ser un lince para pronosticar que ese dinero se otorgará graciosamente a las agrupaciones culturales más independentistas, a las que dedican íntegramente sus esfuerzos a potenciar la propaganda secesionista.
El daño que semejantes ligerezas del sanchismo está haciendo a la unidad de España es abrumador y sus consecuencias muy difíciles de prever, aunque sí sabemos el impacto que consiguen en las nuevas generaciones intoxicadas desde la escuela en el desprecio a España y a todo lo que significa la historia grande de la nación española.